INTERROGANTES, REFLEXIONES Y ALGUNA QUE OTRA CERTEZA SOBRE UNA GESTALT PARA LA SOCIEDAD DE HOY EN DIA (II): SUFRIMIENTOS.

Este contexto de crisis,dibujado en el post anterior, genera diversos malestares que podemos describir en términos de sufrimiento, según la acepción de Marcos y de Rosane Lorena Müller-Granzotto, como sufrimiento político, antropológico y ético.

El sufrimiento antropológico en palabras de los Müller-Granzotto (“Biopoder, totalitarismo y la clínica del sufrimiento” Summus Editorial, 2013) sería “el sentimiento que podemos compartir con otros sujetos de acto frente al desfallecimiento de la materialidad de las representaciones (del otro social) con las cuales estamos identificados” Según estos autores ese “otro social” como función del campo, o función personalidad, está compuesto por representaciones sociales eminentemente antropológicas con las que estamos identificados (cultura, tradiciones, códigos de comportamiento, instituciones…) y que por contingencias materiales de nuestra existencia piden alcanzar de diferentes modos y en diferentes grados nuestra propia identidad frente a este otro social.

De este modo, puede verse afectada nuestra función personalidad por causas fortuitas como una enfermedad, un accidente, una ruptura de pareja… con el consiguiente sufrimiento asociado.

En cambio, hablamos de sufrimiento político cuando la pérdida de estas representaciones es a favor del “deseo del dominador”: “Seducidos por la idea de felicidad proporcionada por el consumo, alienamos nuestras representaciones (nuestras casas, nuestros automóviles, nuestras joyas, derechos laborales e, inclusive nuestro propio cuerpo) a favor de crédito financiero, hipotecas más altas, intereses más baratos (…) El sufrimiento en estos casos está relacionado con la propuesta capitalista que al “comprar” la “naturaleza” antropológica  que nos constituía a cambio de empleo, casa, estado de derecho, felicidad y hasta rebeldía (como en el caso de los adeptos a la contracultura estadounidense de los años 60, lo que también incluye a cierto tipo de Terapia Gestalt), nos hizo rehenes de las deudas contraídas en nombre de objetos que, en verdad, nunca cumplen lo que prometen, encadenándonos en una rueda de consumo alimentada por la insatisfacción”

En este sentido, y dentro del sufrimiento político, podemos considerar que existe una relación entre el contexto sociocultural neoliberal descrito, y cierto nivel de anomia social, en su doble acepción de “deterioro o carencia de las normas sociales” y como trastorno del lenguaje que “impide llamar a las cosas por su nombre”, en palabras de Carmen Vazquez (“Sin ti no puedo ser yo”, Los libros del CTP, Madrid, 2014) y que de alguna manera sería la incapacidad de las estructuras sociales para proveer a las personas de lo necesario para lograr sus metas personales.

En este sentido, podemos afirmar que vivimos en un momento de frustración, sensación de aislamiento y confusión, donde el individuo encuentra dificultades para lograr un ajuste creativo con respecto al entorno: el “homo eligens” de Bauman no encuentra la posibilidad de poder hacer un ajuste creativo que le permita crecer, y es en esa frontera-contacto donde comienza a gestarse su sufrimiento.

La respuesta ante la ansiedad es la desensibilización con respecto a lo corporal. Se genera así una disociación de las propias necesidades, una desensibilización asociada a un importante nivel de ansiedad que es descargado en el entorno a través de diferentes respuestas como el uso de internet, las compras, la comida… y través de la agitación motriz (que sin duda está a la base del diagnóstico del TDAH…).

Desde este modo de mirar el contexto líquido, y el campo individuo/sociedad, nos encontramos un modo de rigidificación especifico de este tiempo social.

Este contexto, de alguna manera es actualizado en el aquí y ahora de la situación, a través de la función personalidad del self. La liquidez del contexto social es incorporada a la identidad de la persona a través de la función personalidad como si se tratara del “telón de fondo” del escenario donde ésta se despliega.

Así pues, creo que existe una clara relación entre el campo individuo/sociedad y la aparición de la psicopatología como una rigidificación en el ajuste creativo, que genera un campo teñido de frustración, tal y como podemos observar en el aumento de las conductas de tipo compulsivo en relación con los consumos de drogas, el abuso de las nuevas tecnologías, las compras compulsivas, así como con la violencia, los acting outs….

En este sentido encontramos una rigidez  en relación a la mentalidad, en relación a ese no-pensar que nos empuja a la errancia y al acto, sin capacidad de digestión. Sería algo así como ir hacia el entorno para agredir (en el sentido perlsiano del término en “Yo, hambre y agresión”), pero sin capacidad de asimilación.

Es un campo éste que presenta una sensación de soledad y aislamiento muy fuerte que genera no pocas patologías relacionadas con lo depresivo y con la sensación de vacío que trata de llenarse compulsivamente con la satisfacción inmediata que ofrecen, de nuevo, las nuevas tecnologías.

Aparece a su vez una interrupción en el contacto relacionada con la confluencia de fondo, en el sentido que se pierde la sensación de ground con respecto a la propia identidad en relación al entorno, y por tanto al establecimiento de un apego seguro que sirva de apoyo al surgimiento de relaciones contenedoras, lo cual genera a su vez mayor sensación de confusión. Encontramos así personas (adultos, niños, adolescentes…) con identidades difusas y sin límites claros, que desarrollan no pocas dificultades relacionadas con el trastorno límite de la personalidad.

La confluencia de fondo como interrupción del contacto en este campo guarda relación con la dificultad de estar en contacto con las propias necesidades, generando ajustes desconectados con respecto al propio cuerpo… que en muchos casos observamos como base en no pocas dificultades relacionadas con la esfera depresiva.

En relación con esta confluencia y la disociación surge el ajuste hiperactivo, a modo de retroflexión, en cuya base esta la dificultad de estar conectado con el propio cuerpo, en un intento de ajustarse a un entorno poco apoyador, de forma que es lo cinético un modo en que el niño o la niña tratan de ajustarse de modo hipertónico e hipercinético.

Este ajuste hipercinético es apoyado a su vez la velocidad del tiempo social postmoderno, donde la inmediatez y la búsqueda rápida de la satisfacción se han convertido en los principios rectores de la ingeniería relacional actual.

Este “fondo experiencial” me parece que se sitúa a la base de no pocos malestares modernos, como parte del fondo que la persona trae consigo al aquí y ahora de la relación, ya que forman parte indefectiblemente del campo.

La consideración de los mismos en términos políticos me sugiere además el poder integrar en nuestra mirada la dimensión política de nuestro trabajo en términos de transformación social, integrando en nuestro trabajo la variable de transformación de los entornos donde se mueven las personas con la que trabajamos, o que participan en procesos formativos gestálticos.

Desde esta realidad, como agentes sociales de Salud Mental, nos encontramos con el encargo de gestionar las patologías de la postmodernidad: violencia, adicción, depresión y dispersión de la identidad, en personas que acuden a nuestros dispositivos y servicios con gran variedad de modos de demanda: hay los que piden por su “sufrimiento” un tratamiento y los hay que van a los dispositivos de Salud Mental a por la dosis.

Por ello creo que es trascendental que seamos capaces de ofertar propuestas relacionales como alternativas de salud, basadas en paradigmas holísticos, relacionales, sistémicos, basados en el contacto (como el paradigma gestáltico) que aporten alternativas fuertes, delimitados y coherentes en estos tiempos de confusión y anomia social.

Por último, el sufrimiento ético se presenta cuando no hay alteridad dispuesta a ayudar, cuando no hay “horizontalidad posible entre ciudadanos y locos, normales y locos, blancos y negros, hombres y mujeres”. Este sufrimiento, por tanto, se produce en contextos donde hay personas penadas privadas de libertad, situaciones de discriminación por cuestiones raciales, de género, de orientación sexual… En estos casos, y en relación con el contexto sociopolítico heteropatriarcal neoliberal se produce una destitución radical de las representaciones sociales, de las cuales estas personas se ven excluidas desde su diferencia.

Así pues, no podemos separar de nuestra intervención la consideración de la exclusión como parte del itinerario vital de las personas con las que intervenimos ya que éste será un elemento que seguramente aparecerá dentro del contexto de la relación terapeútica donde nuestro papel como parte del campo relacional generado será fundamental a modo de ajuste de inclusión, también como la parte del campo social con el que experimentamos en el espacio de cada sesión terapeútica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s