NUEVAS TECNOLOGIAS: POR QUE LE LLAMAN ADICCION, CUANDO QUIEREN DECIR ABUSO?

Hace ya varios meses, y con motivo de una entrevista para el Diario Vasco en relación a la “adicción” a las nuevas tecnologías, y en especial al wahtssap, me vi ante la situación de ordenar algunas ideas y otros tantos textos que guardaba en torno a este tema.
Mi interés por éste nace de la practica, en concreto de atender a adolescentes y jóvenes con dificultades en relación al uso de las nuevas tecnologías en su vida, con los cuales he podido aprender algunas de las cosas me vienen ahora a la cabeza cuando escribo estas notas.
Hace ya aproximadamente un par de siglos, ante la irrupción del ferrocarril, se generó en la sociedad estadounidense un fuerte debate en torno a posibles patologías generadas por viajar a semejante velocidad.
Un debate similar se produjo en los años 60, cuando no pocos profesionales de la salud expresaron su preocupación por los efectos adictivos relacionados con ver durante muchas horas la televisión.
En estos tiempos asistimos a la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, las cuales, de una manera muy rápida han penetrado y transformado radicalmente la manera de comunicarnos, de acceder a la informacin… hasta el punto de que la presencia de los smartphones (desde hace unos cuatro años) se ha convertido en masiva a nuestro alrededor (al menos en las sociedades occidentales) en tan poco lapso de tiempo.
Este hecho genera una fuerte incertidumbre en torno a como hacer un uso razonable de las mismas, ya que desconocemos como hacerlo… Dónde esta el limite de un uso adecuado de un móvil que se conecta a internet en cualquier momento y que siempre llevamos en el bolsillo?
Seguramente y como en relación a otras conductas de las que podemos abusar, el criterio es el impacto que pueda generar sobre la vida de la persona y sus relaciones…
Sin embargo, no son pocas las voces que hacen referencia a este tipo de interacciones (en algunos casos, que no todos) abusivas con respecto a las nuevas tecnologías, como un adicción, una nueva adicción sin sustancia, disparando las alarmas en relación sobre todo a la población juvenil.
En la ultima edicion del manual DSM, el numero V, aparecen incluidas como adicciones por primera vez, las adicciones sin sustancia: en concreto las conductas de juego patologico (ludopatia) bajo la justificacion de que es el mismo circuito de recompensa el que se activa que en las drogodependencias.
En relacion a la “adiccion a las nuevas tecnologias” esta sencillamente no aparece. Y es que este diagnostico no existe. Se da una mencion a su estudio pero no es incluida. Si que aparecen, en relacion a las TICs, las apuestas por internet en las que se juega dinero (gaming) y no asi sin embargo los juegos online (gambling).
En el termino adicción con respecto a aquellas conductas que nos producen placer y que por tanto generan un aumento de la probabilidad de que sean repetidas existe un farragoso terreno teórico, en tanto que no discrimina adecuadamente la conducta adecuada de la que no lo es, ya que si admitimos como “adicciones sin sustancia” cualquier actividad a la que dediquemos un tiempo que impacte sobre el resto de actividades supuestamente sanas de la persona, podemos incluir cualquier cosa: el chocolate, las compras, la lectura… Y adems somete a crisis el limite entre lo adecuado o no del comportamiento humano dentro de un contexto dado… Cuantas horas tenemos que dedicar al trabajo, al ocio, a la familia, a las relaciones sociales… para que sean consideradas como sanas…
Y que mas da? – podría apostillar alguien – si se considera una cosa u otra, si el asunto es abordar un problema?

Este planteamiento es erróneo. Y peligroso. Para una terapeútica adecuada, es clave hacer un buen diagnostico, que nos aporte un adecuado itinerario para la intervención.
Con esto no quiero negar la emergencia del abuso con respecto a las tecnologias de la comunicacion y la informacion… solo que me parece importante situar este fenomeno adecuadamente dentro de un marco explicativo para la intervencion.
Pienso que por ejemplo, un adolescente que abusa del whatssapp y  chatea con el movil hasta bien entrada la noche no  puede ser considerado como un adicto a la cocaina… mas bien seguramente esta gestionando alguna dificultad a traves de las nuevas herramientas que aportan las TICs.
Las cuales paradójicamente demuestran que su uso (no su abuso) generan no pocos beneficios para la salud mental.
La busqueda de emociones, el contacto online con otras personas… son intentos, en muchas ocasiones fructuosos, de lograr vivir la vida con mayor plenitud, tomar contacto con otras personas…
Es clave discriminar entre una sustancia que genera adiccion (con sus procesos de tolerancia, abstinencia…) de una conducta de la que se abusa y que esta expresando algun tipo de dificultad en su ajuste al entorno.
Seguramente en estos tiempos de fragilidad y ruptura en las relaciones vinculares, donde las dinámicas de consumo se han apoderado de nuestro modo de entender las relaciones, las nuevas tecnologías nos sirven de puente para  intentar alcanzar al Otro (como demuestra la emergencia de las redes sociales), son utilizadas de modo compulsivo frente al vacío que genera en la población consumidora la vivencia de insatisfacción permanente a la que nos impele un sistema sociocultural que fomenta un constante proceso de frustración necesaria para que funcione la rueda del consumo.

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