Euskera, comunidad y paradigma relacional.

Creo que una clave para el trabajo psicoterapéutico en estos tiempos reside en la búsqueda de modelos relacionales de trabajo que nos posibiliten una mayor conciencia comunitaria, y desde ahí una mejora de nuestra salud mental comunitaria.

Desde mi punto de vista necesitamos una nueva psicología, menos individualista, y más relacional, que sea capaz de leer la persona dentro de su entorno, de la comunidad y de la historia.

Recientemente, de la mano de mi amiga Amaia Benito, pude ojear un manuscrito de Jakue Pascual donde del autor lleva a cabo un interesante análisis antropológico sobre, entre otras cosas, la expresión del sentido de comunidad del pueblo vasco a través del euskera.
De repente fue como si me encontrara con una respuesta que tenía frente a mi y que no había visto… reproduzco en este post algunos de sus parrafos, y algunas cosas que me han hecho pensar sobre la parte mas comunitaria de la matriz cultural en la que he crecido, o con la que he ido dialogando…

Ya desde muy antiguo, el pueblo vasco, en la antigüedad, apegado a la tierra y a la comunidad expresa a través de su lengua las claves de su cosmovision sobre la vida y el universo.

Así pues, la palabra “egi” hace referencia a la ladera, al límite. De ahí viene la palabra “egiar” que significa “cromlech” que de alguna forma a través de su disposición circular expresan la naturaleza de ese límite, y con el establecen el vacío, el hueco, “uts” que anida en el centro. En palabras del autor…

“Esta definición del hueco, del vacío que diría Oteiza, formula una proposición relacional y topológica. La misma forma circular en la que se halla dispuesto cada egi, cada borde, cada ladera, habla de una relación directa de cada uno con todos los demás y de todos frente a todos.”

Por otro lado el centro de la comunidad se articulaba en torno a la reunión “batzar” que procede de “bat” (uno, la unidad). En el batzar el uno (bat) deviene múltiple (batzu), entendiéndose así, siempre, como hueco relacional de lo múltiple (batzu-ar, batzar).

” Egi “en euskara también significa verdad; cada límite que perfila el círculo del batzar es una subjetividad que expresa un punto de vista (begi: ojo), exponiéndolo frente a los demás. El hueco del batzar refleja las relaciones, las distancias que hay entre los diferentes puntos de vista que conforman la comunidad. A este hueco se le denomina en euskara ar-hau (arau) o, lo que es lo mismo: norma. Pero este hueco no está fijo, todo lo contrario, describe el lugar donde se expresan las interacciones societales y cambiará al ritmo en que éstas cambien. El sujeto será quien altere las relaciones de la comunidad en el hueco en que éstas se manifiestan, siendo a su vez modificado por las mismas. Por lo tanto, el sujeto no puede entenderse como algo fijo. Yo soy otro.”

De ese modo es la comunidad la que establece la aparición del sujeto, de un modo dinámico y que sitúa a este dentro del límite articulado por la propia comunidad.

Desde este paradigma relacional es dentro del límite de lo comunitario donde encontramos la verdad.

Por otro lado, en euskara hay una relación directa entre el límite (egi) y el movimiento (igi(tu):mover). Es por medio del movimiento que los límites cambian. Mover significa alterar los límites. Cuando yo me muevo mi visión cambia, mi punto de vista es distinto. La subjetividad es generada en cuanto a experiencia fenomenologica con respecto al entorno.

Esta subjetividad sale al encuentro del Otro a partir del vínculo, de la relación (harreman). esta palabra viene definidas por los verbos eman (dar) y har(tu) (tomar).

“Al exponer mi punto de vista cambio mi distancia (ar, arte), mi relación con los demás, alterando la posición (de poder) dada (aceptada) en el arau (hueco-norma) y descentrando de este modo el círculo del batzar. Cada donación, regalo, que el sujeto ofrece a la comunidad establece una problemática, una nueva manera de ver y organizar las cosas. Es decir, está proponiendo un ar-hauzo, un arazo (problema), un nuevo hueco donde se manifiesta la comunidad. De esta manera, la comunidad se definirá como una relación entre iguales donde cada sujeto (hauzo) es expresión de la comunidad (hauzo), al con-tenerla y con-formarla. Hauzo tiene diferentes significados: vecindad/ vecino/ habitantes de una población/ terreno comunal/ permitido, lícito/ voz con la que se llaman unos a otros los hombres/ barrio. (R. M. de Azkue, op. cit., vol. I, 1969, p. 113.)

Y sigue el autor:

“Gara(tu) es desarrollar/se, hacer el nosotros (gara: somos); esto es, constituirse como comunidad expresándonos, actuando con-juntamente, creando relaciones en común.

Este nosotros contiene a todos los yoes de la comunidad. Dicho en otras palabras, el desarrollo de la comunidad es paralelo al de la potencia de cada uno-individuo que la compone. Cada sujeto expresa en sí toda una serie de potencialidades (men) que reflejan un sinfín de mundos posibles. Es cometido del batzar desarrollar las potencialidades, aplicar las posibilidades (ahal) de cada sujeto y, al enfrentar estas problemáticas concretas, organizar el arau (hueco) según las relaciones que se establezcan entre las visiones de todos los que componen el círculo.”

Es muy interesante en términos de campo entender al sujeto (bat) dentro del conexto del “batzarre” y como uno y otro no se entienden de modo individual, expresando de esta manera un modo comunitario y relacional de entender(se).

2 comentarios sobre “Euskera, comunidad y paradigma relacional.

  1. Interesante reflexión. Se me ocurre en cualquier caso que cabe al menos una interpretación complementaria si no alternativa en relación con esa afirmación: “…el centro de la comunidad se articulaba en torno a la reunión “batzar” que procede de “bat” (uno, la unidad). En el batzar el uno (bat) deviene múltiple (batzu)…” .
    ¿No es acaso el sufijo -tzar uno de los que usamos como aumentativo? En ese caso bat-tzar bien podría ser una unidad de una dimensión mayor al mero uno, no múltiple sino mayor. Otro uno.

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    1. Gracias Javier por tu comentario… Sería algo así como dar relevancia al hecho comunitario a través del aumentativo, por encima de lo individual, lo cual me remite a la parte comunitaria de nuestro idioma. Cuanta necesidad en estos tiempos de recuperar esta dimensión!

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