EL VERANEO COMO EXPERIENCIA ESTÉTICA.

El verano. Un buen momento para prestar atención a todas aquellas pequeñas cosas que probablemente han pasado inadvertidas durante el resto del año, y que de alguna forma pasan del fondo a convertirse en figura.

Más allá de las prisas, de las demandas del trabajo, de otros compromisos entiendo que unas buenas vacaciones son aquellas que permiten prestar atención a otras cosas.

Pienso en los mensajes, seguramente amplificados por el marketing, que se han adherido a nuestra cultura del día a día, relativos a “escaparse” o “desconectar” y que de alguna manera tienen como trasfondo una visión individualizadora de la persona, que fomentan la necesidad de escapar, mediante la adquisición de algún bien o producto, de una realidad que implícitamente nos genera malestar, sufrimiento…. Justificando de ese modo tácitamente una realidad incómoda que de alguna forma la “escapada” nos permite sobrellevar.

Aún reconociendo el goce que aporta la novedad que conlleva un viaje, o cambiar de lugar de residencia, o del contacto con la naturaleza, la montaña, el mar… creo que tenemos una serie de ideas introyectadas sobre el verano y las vacaciones en esta clave.

Prestar atención a otras cosas. Se me antoja (en mitad de mis vacaciones en las montañas pirenaicas) que quizá esta sea una clave de salud en el sentido en que reivindica el estar centrado en la atención, en estar abiertos a lo que la estética del contacto nos pueda aportar: que entiendo que no es tanto el “desconectar” como el conectarse a lo que uno siente, experimenta. Pienso en darnos el permiso de oír el sonido del mar, el tacto de la hierba en los pies, el calor del sol, la conversación sin prisas, la ingravidez de nuestro cuerpo en el agua, el frescor del agua… Experiencias que el verano nos brinda como posibilidad y que de alguna forma nos pasan inadvertidas y que son fuente en sí mismas de salud en tanto en cuanto nos remiten al descanso, a la calma y con ambas al cuerpo.

En este sentido quizá la época nos estival nos brinde posibilidades de re/conectar si somos capaces de reorientar nuestra propuestas vacacionales en torno a estas, y no tanto quizá en las propuestas comerciales.

Escucho estos días en la radio las advertencias de los psicólogos en torno a los conflictos derivados de la mayor presencia en casa y del aumento de las probabilidades de conflictos con pareja, familiares e hijos. Como una advertencia. Me llama la atención este tipo de reflexión porque me remiten a un modelo determinado de familia en el que los miembros no están juntos o no tienen conflictos durante el año. Me da la impresión de que esta reflexión parte de un “lugar común” que quizá tenga que ver con un modelo de familia de otro tiempo. Posiblemente los conflictos relacionales sean una posibilidad más para estar presente, y para darnos el tiempo necesario para poder leerlos y sacar conclusiones de ellos.

Otro lugar común al que seguramente asistiremos estos días es el del síndrome post vacacional… Donde de nuevo asistimos a una cita con un concepto cuya denominación no es inocente, que relaciona una vivencia de adaptación natural con un síndrome, que además forma parte ya del lenguaje cotidiano… Como ante cualquier experiencia nueva es necesario un proceso de adaptación donde se movilizan todas las funciones del self adquiridas en experiencias previas, y que son actualizadas en el aquí y ahora de la situación. En este sentido el descanso es una experiencia ante la cual es necesaria una adaptación. Que dista mucho de ser etiquetado como “trastorno”.

En este sentido me parece interesante proponernos el “veraneo” como una experiencia estética, Segun Laura Perls, la estética nos refiere a la ciencia del conocimiento sensible, en oposición al conocimiento desde la lógica. Quizá el descanso estival nos posibilite un tiempo de atención hacia nuestras necesidades, lo sensorial, lo corporal…

Convertir el veraneo en una experiencia estética es una propuesta dirigida a mejorar nuestro descanso (una responsabilidad social conquistada tras años de esfuerzo sindical, y una reivindicación social necesaria en estos tiempos) y que el verano y el veraneo (en gerundio) nos posibilita y para que requieren de por sí ninguna propuesta consumista.

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