LA VERGÜENZA.

20140714-145445.jpg Sigo reescribiendo los apresurados apuntes que tuve la ocasión de tomar en Milan con Jean Marie Robine. Esta vez me apetece compartir algunas reflexiones que me han servido en mi práctica terapéutica, y en el plano más personal, con respecto a la vergüenza, y en especial a esta en terapia…

En esta nuestra sociedad occidental neoliberal ha acabado imponiéndose un paradigma individualista/narcisista según el cual es abanderada la idea de la autosuficiencia, de modo que si la persona muestra su necesidad, termina sintiéndose frágil y aparece la vergüenza. Cuando tenemos necesidades no “adecuadas” estamos invitados a tener vergüenza de estas necesidades. Una forma de no sentirla es llegar a entenderlas como si se trataran de necesidades infantiles, cuando reconocer un estado de necesidad es algo propio del adultoDe ese modo rechazamos el reconocimiento de las propias necesidades para relegarlas al fantasioso mundo de lo infantil.

La vergüenza se encuentra habitualmente cerca de la introyeccion, ante la excitación del deseo. Nos avergonzamos de sentirnos deseantes. En los procesos psicoterapéuticos nos encontramos con personas que atraviesan la vergüenza de reconocer las propias dificultades, el sufrimiento, delante de otra persona (terapeuta). Por ello es clave atender esta realidad emocional. La gente viene a terapia porque siente no ser quien debiera ser, y quiere poner esto bajo la mirada de otro. Entonces, cuando acogemos a un cliente la situación es generadora de vergüenza. El otro esta en una situación frágil en la cual es fácil que llegue a experimentar vergüenza.

Es en el vínculo donde algo se puede restaurar.

Desde esta realidad, si como profesional no conozco como la experimento, lo que la genera, no puedo abordarla…  Es muy importante aceptar que somos avergonzadores y explorar que hacemos para avergonzar. Hay que crear las condiciones que permitan atravesar la vergüenza de tener vergüenza, para poder abordarla. Ningún paciente va a contar algo si no esta seguro que su terapeuta le va acoger, sostener. Puede darse de hecho incluso que un paciente sepa algo de su terapeuta que entiende que no debiera saber y que ello acabe convirtiéndose en una barrera que provoque que oculte un contenido.

Desde una mirada de campo la técnica de repropiacion de la proyección rompe el contacto. La proyección lo establece. Entendemos estos procesos como tentativas de contacto, no como interrupciones del contacto. Proyectando estamos intentando contactar con el otro. Si lo reapropias dejas de verle, y cambias el contacto. Estos procesos deben apoyarse para acceder a la experiencia que esta allí. Lo importante es la experiencia que se manifiesta así. La experiencia puede llevar al paciente a apropiarse de algunas partes de las que no se mostraba consciente. En un ejemplo, para ver esto más claro, podría ser así…

Paciente: no te interesas por mi.

Terapeuta: que cosas hago yo que te hace sentir esto.

En este caso no nos es tan importante señalar el proceso como apoyar la intencionalidad del contacto. Y esto porque trabajamos afectandonos el uno al otro constantemente. Decidir que es una proyección no es una decisión fenomenologica. Decide el terapeuta.

Sostener tiene que ver con preguntarse que hago yo para sostener esta percepción del paciente. La vergüenza es sentirse inadecuado, insuficiente, no ajustado a la situación, malo, así como soy no soy digno de ser de la comunidad humana, no puedo ser amado. Entonces, la vergüenza fundamentalmente tiene que ver con quien soy, o mejor con quien creo que yo soy. Lo que permite disociar la vergüenza de la culpabilidad es algo respecto a algo que he hecho, a una acción.

La sociedad ofrece más posibilidades de solucionar la culpa que la vergüenza. Tenemos instrumentos como la prisión, la multa, la penitencia que nos brindan Posibilidades de reparar. De pagar. Pero para la vergüenza nada es posible, porque es algo respecto a lo que yo soy: Quien soy, como puedo repararlo? El otro me demuestra que lo que soy no es aceptable. No lo hago solo, puesto que tiene que ver con la situación. Cuando se vive una experiencia de vergüenza uno quiere desaparecer. Escapar de la mirada de los demás. Esto quiere decir que el otro esta presente.

Desde la clave de lectura de La autorregulación, como puedo entender que cuando quiero desaparecer a los ojos de los demás, me pongo rojo? Si quiero desaparecer hay maneras más eficaces de desaparecer. Cuando hay energía y esta no fluye es cuando me pongo rojo, con la rabia, la excitación, el deseo… La vergüenza esta conectada con el deseo y la excitación. No hay vergüenza sin deseo. Deseo en el sentido amplio.

Sylvan S. Tomkins, científico americano, analiza las emociones desde diferentes ópticas. En un eje de menos a más, que va desde el interés a la excitación, la vergüenza aparece en su sistematización como un regulador que se puede mover en este eje. Hasta un punto puedo sostener la excitación, pero llegado a un punto la vergüenza me permite cortar, es como un regulador. Tomkins ha reconocido este mecanismo en bebés de 15 días. Es el esquema motor. El bebe oye a la madre, se agita, se excita y no puede sostener la excitación. Se quiere esconder. Es un modo de regular la excitación, de manera congénita. No es vergüenza pero lo llegara a ser. Como terapeutas debemos preguntarnos si tenemos vergüenza de nuestra vergüenza, ya que va a aparecer en terapia: un reproche de un paciente puede darme vergüenza. Podemos caer en librarnos de la vergüenza “pasándosela” al otro, sin llegar a conocerla como algo que se da en el campo, y que tiene que ver con nuestra función yo.

El antídoto es restaurar la solidaridad.

La vergüenza se produce cuando no hay solidaridad. En este sentido, no es el médico el que cura al paciente, el terapeuta es la OCASIÓN para que el paciente mejore. Este proceso solidario tiene que ver con la autorregulación, una de las claves de bóvedas de nuestro sistema teórico de referencia. Perls ha reflexionado mucho sobre la autorregulación organismica, mientras que Jean Marie Robine prefiere hablar de regulación de la situación o de la relación. Es el self el yo mismo, o es otra cosa?

En psicoterapia gestalt, el self es el organizador del contacto con el mundo.

La pregunta para el terapeuta sería algo a sí como “¿La regulación en mi contacto con el mundo o mi propia autorregulación, apoya una regulación egotista o solidaridaria, que trabaja con los vínculos? Hay dos formas fundamentales de la vergüenza, entender la vergüenza como emoción, que se siente corporalmente, con la que quiero desaparecer.

Hay otra forma de vergüenza que se puede no sentir, que (de manera provisional) vamos a llamar existencial. Y que no viene a la consciencia porque todos tenemos muchas defensas para no sentirla. Los psicólogos y filósofos evidencian la angustia existencial ligada al facto de nuestra condición humana: que todos vamos a morir. Esta experiencia de vergüenza, no la sentimos siempre, pero podemos sentirla cuando nuestros mecanismos no son lo bastante fuertes.

La angustia existencial puede ser que me sienta pequeña o que este escondida y no me de cuenta. Es importante que los y las clínicos/as nos demos cuenta de que puede aparecer con formas como la rabia, la depresión, con síntomas psicosomáticos, envidia…

Puede tomar diferentes formas.

La vergüenza existencial es tan dolorosa que vamos a inventar algo para no sentirla. Es importante tener en la cabeza la experiencia de la vergüenza. Hay formas de la vergüenza más atenuadas, estar en una situación embarazosa, la timidez,…

El que violenta es el que transfiere su propia vergüenza a la víctima.

También el/la terapeuta, el supervisor/apuede ser un vergonzador, podemos confrontar al otro con su propia ignorancia, aunque no se el propósito. Un aspecto positivo de la vergüenza es cuando advierto que en este punto puedo ser mejor. Nadie me va a poner en la vergüenza por algo en que se que no va a poder mejorar. Otro aspecto que esta plegado dentro de la vergüenza es el del deseo.

Es importante descubrir el deseo del cliente y que lo validamos. Que lo acogemos. Es importante ayudarle a diferenciar esto, y diferenciar el deseo de su realización. No soy responsable de mis deseos, soy responsable de mi comportamiento. Validar no quiere decir aprobar.

No quiero decirle a un paciente que no es una mierda, o que si lo es… sino que entiendo lo que vive, y que lo que vive le lleva a tener una percepción de sí mismo. Divorciarse, por ejemplo, puede ser una forma del deseo, no el deseo en sí (que puede tener que ver con tener una verdadera intimidad en la pareja) La única forma que puede imaginar a esto es a través del divorcio. Lo que ha de legitimarse es su deseo de intimidad, no tanto en el divorcio en sí. El divorcio estaría en relación con la función personalidad, mientras que el deseo de intimidad estaría relacionada con la función ello. En esa concreción esta la vergüenza, no tanto en el deseo. El deseo es la intencionalidad. Por eso es tan importante explorar la función ello. Es como volver a la fuente de la experiencia, a la fuente de la emoción, a la figura del cuidador. Es la emoción la creación, pensamiento…

Encontramos buenos ejemplos en la sexualidad, porque en en ella cuando más frágil estoy a la vista, y en lo más íntimo de mi mayor intimidad. Otro ejemplo sería el orgullo; me da vergüenza mi propio orgullo y mediante la vergüenza me presento como humilde. Es como la formación reactiva del psicoanálisis.

La solidaridad, como decía anteriormente, es el antídoto de la rotura del vínculo que genera la vergüenza, porque como estoy no soy digno de pertenecer. La solidaridad es restaurar este vínculo, es volver a sentirse parte de la comunidad.

Los tres antídotos fundamentales para la vergüenza serían pues, la solidaridad, el apoyo y la restauración del vínculo. Una pauta importante en estos procesos es buscar el deseo que habita en la vergüenza.

Este deseo no fue apoyado por el entorno. La vergüenza nos habla de la historia de contacto con el entorno de la persona.

Iñaki García Maza.

Un comentario sobre “LA VERGÜENZA.

  1. “No te interesas por mi” “Que hago yo para que sientas eso”………
    Yo diria… Algo estoy haciendo que no refleja lo que siento hacia ti, porque si me interesas. Valido su percepcion, evito el ponerme de experto ” que hago yo…”, es mi forma de transmitirle que somos personas y nos relacionamos a ese nivel, un nivel igualitario. El siente. Yo siento. El lo expresa. Yo lo expreso. Nuestra relacion es horizontal, igualitaria, sin dejar de ser paciente y terapeuta. Una terapia exitosa seria para mi que la distincion paciente-terapeuta se reflejara solo en el momento de los honorarios. Agur kolega

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