NUESTRA PROPUESTA: SALUD MENTAL COMUNITARIA.

Tras el post anterior en que nos sumergíamos en estudiar nuestra herramienta: la intervención psicosocial, os proponemos un nuevo texto sobre nuestro objetivo: la salud mental comunitaria.

Entendemos la Salud Mental Comunitaria como una nueva estrategia, o familia de estrategias, centrada en el desarrollo de nuevas modalidades de prestación de servicios de salud mental más flexibles, eficaces y que respondan más a las necesidades de la comunidad.
Desde las aportaciones teóricas que nos ofrece la Psicología Comunitaria como conjunto de conocimientos y actividades destinadas a promover el funcionamiento integral u óptimo de los miembros de las comunidades a través de procesos y métodos de intervención de carácter social y psicosocial, conceptualizamos la SMC como su aplicación dentro del ámbito de la salud mental.
La SMC por tanto, desde nuestra óptica, se encuentra relacionada con los desarrollos comunitarios de la psicología clínica.
Desde ERAIN hemos centrado nuestros esfuerzos en tres líneas de intervención: la prevención (selectiva e indicada), la asistencia y la promoción.
La promoción apunta al crecimiento del bienestar personal y colectivo desarrollando los
factores de robustecimiento y las condiciones favorables a la salud mental.
Desde esta concepción entendemos la promoción de la Salud Mental Comunitaria como un aspecto que complementa y subraya los procesos de asistencia y prevención que llevamos desarrollando con colectivos socialmente vulnerables (Personas migrantes, mujeres, adolescentes en riesgo de exclusión y sus familiares, personas privadas de libertad…), y que tiene los siguientes rasgos definitorios inspirados a partir de los trabajos de la primera conferencia internacional para la promoción de la salud, sostenida en Ottawa en noviembre de 1986.

a. Orientación hacia grupos vulnerables
Los problemas de salud no tocan de manera igual, los diversos segmentos de la población.
Algunos grupos sociales acumulan numerosos problemas y presentan un mayor número de
factores de riesgo: hábitos de vida nefastos, ambientes sociales, perturbados, dificultades
económicas. La pobreza resalta, la mayoría del tiempo, como un elemento mayor en la
génesis de los problemas de salud mental. La elección de actuar para y con los grupos
vulnerables está fundada en la convicción de que las acciones para ser eficaces, deben ser
concebidas a partir de las percepciones y de varios valores propios a estos grupos
traducirse en su lenguaje y tener la contribución de su dinamismo, sus fuerzas, lo mismo
que aquella de su medio.

b. Proactividad
La promoción apunta a prevenir la aparición de problemas o a promover una salud óptima, independientemente de la existencia de problemas declarados, las
acciones son necesariamente proactivas en la medida en que se proyecta crear o
mantener condiciones salubres o incluso desarrollar factores de robustecimiento favorablesal aumento de la salud mental.

c. Estrategias y métodos de intervención múltiples y complementarios
Apostamos por estrategias y métodos de intervención orientadas tanto hacia los sistemas como hacia las personas. Cada programa de prevención o de promoción en salud mental apela a diversas estrategias y métodos de intervención.

d. Trabajo a favor del empoderamiento desde el trabajo en red
Las iniciativas de empoderamiento que provienen de la comunidad y de las
coordinaciones intersectoriales, que implican acciones a diversos niveles de poder públicos
(de barrio, municipales, estatales), caracterizan nuestro modo de entender la promoción de la salud mental.
La prevención de problemas de salud mental y la mejoría de salud mental de una población incumben por lo tanto a muchas instancias de la sociedad, por lo que se nos antoja necesario apostar por una modalidad de trabajo en red a partir de la construcción de hipótesis compartidas y de trabajo colaborativo.

e. La armonización de políticas públicas y el mejoramiento de condiciones de vida.
La prevención de problemas de salud mental y la promoción de salud mental de una
promoción sobrepasan largamente la cuestión de la prestación de cuidados y servicios,
cualquiera sea el nivel de calidad y de accesibilidad. A ellas les concierne las acciones
gubernamentales que desbordan el marco de ejercicio de poder del ministerio de Salud y
de servicios Sociales y que ejercen un defecto determinante en la salud de las
poblaciones. Así, contrarrestar el problema de la insuficiencia de ingresos, aumentar el
grado de escolarización, mejorar la accesibilidad a la vivienda a precios más módicos
acentuar la creación de empleos estables y facilitar el acceso al mercado de trabajo
constituyendo otro tanto de políticas públicas determinantes respecto de la salud mental deuna población y por tanto la estrategia común consiste en mejorar sus condiciones de vida.

f. El apoyo a los medios de vida
Vivir en sociedad, es pertenecer a un conjunto de redes sociales, personales e
institucionales, que están interrelacionadas. No se puede separar las dimensiones de la
salud y el bienestar de los otros sectores de la vida social, por lo tanto, es importante
apoyar la familia, la escuela y el mundo del trabajo para que ellos sean medios de vida con
calidad. Las acciones o programas que favorecen el reforzamiento de redes sociales, como
la creación de grupos de ayuda, las prácticas de redes en el ámbito de la salud mental que
apuntan a la transformación de relaciones entre hombres y mujeres en el sentido de una
mayor equidad como los programas de acceso a la igualdad de oportunidades de empleo,
la educación no sexista, la reducción del acoso sexual en el trabajo, representan algunos
ejemplos de esta estrategia de apoyo a los medios de vida.

g. El reforzamiento del potencial de las personas
Sea cual sea la parte de determinantes biológicos, socioculturales y económicos en el
grado de la salud mental de los individuos, se mantienen la importancia de permitirles
adquirir los conocimientos y las actitudes necesarias para afrontar las diferentes etapas de
sus vidas, controlar mejor su medio ambiente y tomar las opciones favorables al
mantenimiento y al desarrollo de su salud y de su bienestar. Las acciones que favorecen el
reforzamiento potencial de las personas tocan varios sectores. Ellas pueden apuntar, por
ejemplo, a promover el desarrollo de los hábitos de vida sanos y responsables (en el
dominio de la sexualidad, consumo de alcohol, etc.), o incluso reforzar las capacidades
psicológicas personales, gracias entre otras cosas a los programas de estimulación precoz
de los niños.

h. La orientación del sistema de salud y de servicios sociales
Si los servicios de tratamiento y readaptación psicológica se mantienen incontestablemente
necesarios, no es menos es esencial implantar, al interior mismo de la red de salud y de
servicios sociales, actividades de prevención y de promoción de la salud mental. Hace falta
entonces, si uno quiere disminuir algún día el flujo creciente de problemas, reorientar los
servicios de salud y los servicios sociales de manera de acordar una mayor parte a
actividades de prevención y de promoción.

i. El reforzamiento de la acción comunitaria
En línea con la Carta de Ottawwa es necesaria la participación de las comunidades en los asuntos relacionados con su salud al igual que es clave su participación en los procesos relacionados con la misma.

Con los conocimientos actuales no podemos conformarnos con lograr el diagnóstico precoz de los trastornos mentales y realizar su correcto tratamiento. Debemos situar el reto en conocer cuáles son los factores que influyen en su desarrollo y evitar que se produzca, es decir, actuar en el campo de la prevención.
Posiblemente el origen de la enfermedad mental y en concreto de la prevención de drogodependencias son complejos. Identificar los factores de riesgo para su desarrollo sobre los que poder actuar también lo es; pero en el último siglo, y especialmente en los últimos 30 años, se han ido desarrollando formas de abordaje de la promoción y prevención en salud mental, que hacen frente a estos retos.
Tradicionalmente la formación de los diversos profesionales de la salud mental ha sido biologicista y con ello el abordaje de la salud-enfermedad ha estado centrado en la enfermedad, su curación y la actuación de médico de forma individual (en la consulta) y sobre la patología (lo que se ha llamado modelo tradicional centrado en la enfermedad)
Ya desde hace años vemos una evolución a otros modelos, como el modelo de asistencia centrada en el consultante Tizón (1990) que supera la condena de todo individuo a ser paciente (persona que padece) y le permite ser consultante. Esta nueva denominación resulta mucho más acorde con nuestro modo de entender la intervención, centrando la atención en el individuo y buscando la promoción de la salud de toda la población (enferma y sana), con trabajo en equipo frente al individual y con la participación de la comunidad como elemento básico para la apropiación del cuidado y la promoción de la salud.
El objeto de las intervenciones en salud es el individuo, inmerso en su entorno social, en su dimensión biopsicosocial, y nunca nos sobrarán otras miradas científicas que nos acerquen a una mejor comprensión del sujeto en sus procesos de salud y enfermedad y al campo de lo grupal.
Pichón Riviere (1980) apunta a la prevención en el grupo familiar, Mirtha Cucco (2001) ha desarrollado la metodología de los Procesos Correctores Comunitarios basada en el estudio de la vida cotidiana y llevada a cabo a través del método del Grupo Formativo. Realiza intervenciones desde una perspectiva desde la psicología social y comunitaria integrando importantes aportes del psicoanálisis. Uno de sus aportes novedosos es que el campo de acción se sitúa en el lugar intermedio entre la prevención y la intervención. Terreno que suele quedar en “tierra de nadie”.
Pichón Rivière define su concepto de salud mental como: “calidad de comportamiento, como la operatividad o deterioro ligado a factores socioeconómicos y familiares que determinan una adaptación activa a la realidad, creativa y modificadora”. “…el sujeto será sano en la medida que aprehenda la realidad, en una perspectiva integradora y que muestre su capacidad para transformarla y transformarse a sí mismo”. “generalmente detrás de una conducta enferma habrá un conflicto social, subyace una situación de conflicto de la que la enfermedad será un intento de resolución, de adaptación al medio”.
La familia sería la unidad de análisis, unidad diagnóstica, pronóstica, terapéutica y de profilaxis. “el grupo familiar en tanto espacio grupal primario tiene una naturaleza operativa y funcional, y es soporte de toda organización social. Es la unidad primaria de interacción; su estructura surge de la necesaria interdependencia de los roles que corresponden a una situación triangular básica, situación que aparece como emergente de una red de interacción funcional y biológica”.
La estrategia de prevención en el grupo familiar consistiría en emplear técnicas de esclarecimiento destinadas a reforzar los aspectos de movilidad y operatividad dentro del grupo creando un dispositivo de seguridad adaptativo que permita al grupo enfrentar las situaciones de cambio generadoras de inseguridad (como la adolescencia) permitiendo a la unidad grupal “el abordaje de las ansiedades desencadenadas por las situaciones de cambio”, por las que necesariamente atraviesa todo grupo familiar. Se trataría de potenciar el grupo sano, con una eficaz adaptación a las situaciones vitales que sean capaces de precipitar un desajuste y un posible trastorno mental en uno o varios de sus miembros.
La idea de Speier es brindar ayuda psicológica a los grupos de riesgo. Intentando modificar los factores sociales patógenos, disminuir la vulnerabilidad y aumentar los recursos psicológicos. Propone hacer una intervención en las crisis evolutivas y accidentales para activar y facilitar la elaboración psíquica y apuntalar los aspectos sanos. Se trataría de un trabajo interdisciplinario con profesionales de salud mental, trabajo social, enfermería y medicina que ofertara programas donde trabajar sobre momentos vitales conflictivos dirigidos a toda la población.
Moise va a formular algunas estrategias para orientar la acción preventiva comunitaria, a partir de la teoría y la práctica psicoanalítica. Se atreve a plantear entre interrogantes un “concepto psicoanalítico de prevención” como: “rescate autorreflexivo, una recuperación consciente que deviene en un intento de no repetir aquellas situaciones que, aunque determinadas inconscientemente, pueden concientizarse para no quedar cristalizadas en la creación de síntomas”
La primera estrategia y a la que da mayor importancia es la de: “estimular los espacios de reflexión donde se puedan explicitar y elaborar colectivamente los conflictos que la vida en las grandes ciudades nos plantea”
Uno de sus principales aportes consiste en:”la apertura de espacios de concientización, elaboración y procesamiento resignificante de todo aquello que, por estar dogmáticamente capturado en un imaginario social alienante, impide o dificulta la participación protagónica de los sujetos en la resolución de sus conflictos y sus dificultades, para que posteriormente puedan potenciarse solidaridades y abrirse canales auténticamente participativos, o bien, señalar su ausencia”

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