Un GPS para el trabajo gestaltico con adolescencias (2)

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4. Itinerario erróneo: en la siguiente rotonda cambie de dirección.

En este sentido, es importante atender a como es el contacto con el o la adolescente, tratando de trazar un mapeo sobre cual ha podido ser el proceso evolutivo que ha vivido dentro de su contexto familiar y como ha podido ir ajustandose al mismo, para poder contrastar ambas experiencias por parte del terapeuta, y de ese modo entender como acompañar el proceso madurativo que ese “self emergente” (en palabras de McConville) necesita para poder ser expresado.

Pero, que pasa en el momento adolescente cuando durante la infancia se han producido daños, donde ha habido ajustes en contextos hostiles que han provocado ajustes poco adaptativos al momento actual?

Según cómo haya sido la experiencia de apego de la persona en la infancia, la relación terapéutica se desplegará de un modo o otro.

Toda la investigación en torno al apego concluye que las primeras experiencias de apego vividas en los primeros años de vida van a ser un buen predictor del modo en que la persona va a vivir sus vínculos.
Este modo de “actualizar” su estar en el aquí y ahora de la situación tiene que ver con esas primeras experiencias de apego que nos habla de como la persona esta funcionando en función ello (que siente, desea conmigo aquí y ahora).

En no pocas ocasiones el encuentro en terapia puede ser vivido desde la angustia: la situación de sentarse en en frente a un terapeuta tiene de hecho mucha relación con los experimentos de Ainsworth, donde el “extraño” que aparece sustituyendo la figura de la madre es en este caso la del terapeuta…

Es por otro lado, importante atender al hecho de que el self adolescente se desarraiga y la frontera de contacto del self y los otros (especialmente de si mismo y de los padres) se vuelve más congestionada donde las interacciones que hasta entonces habían sido familiares, rutinarias se vuelven más problemáticas.Es en ese trabajo de desarraigo donde el self adolescente enfrenta de nuevo una situación ansiogena al enfrentarse a la tarea de diferenciarse del campo familiar y cuando la frontera contacto comienza a requerir nuevos reajustes y se pone en juego las capacidades de ajuste al entorno de su self infantil. De hecho, cuando surge este self adolescente no siempre es incuestionablemente aceptado y éste proceso es vivido por las familias con cierto grado de irritación y enfrentamiento, y la frontera de contacto entre el self adolescente y los padres comienza a teñirse de sufrimiento.

Es por esto que en no pocas ocasiones, resulta complicado el acercamiento a un adolescente que se siente dañado, ya que puede vivir el acercamiento de un adulto como una intromisión, rechazándolo.
En el caso en que el adolescente haga contacto con el entorno de modo hiperadaptado, evitativo es muy probable que retroflecte su emoción en el contacto, mostrando dificultades de salir al entorno y tomar del mismo lo que necesite… Sería algo así como desarrollar un modo de contacto donde retrayendose de un contexto hostil pueda protegerse.

Si por otro lado, y fruto del modo de relación vivida con respecto a sus progenitores, el adolescente desarrolla un modo de contacto ambivalente, es muy probable que el adolescente necesite acercarse y alejarse del terapeuta, probar si puede ofrecerle un ground seguro, provocándole, enfadándose con el…todo ello con el sentido de probar si ese suelo que tiene de lente para pisar puede sostenerle.

Jugando con la metáfora del GPS, las conclusiones de las investigaciones sobre el apego nos aportan pistas clave para orientarnos en lo que esta pasando.

El estilo relacional de apego nos habla de la historia de la relación entre la pareja parental y el hijo o hija, y guarda relación mucho que ver con el estilo de contacto de dicha pareja.

De hecho, es en el contexto de una relación de pareja donde se aprecia claramente el mapa de apego que uno pone en marcha en su vida: estilo de apego seguro, inseguro,…

Esta mezcla de vivencias esta presente en la relación del adolescente con su familia.

Como citaba anteriormente, la clave es la creación de un contexto de ayuda en la relación, de SEGURIDAD, donde co/construyamos una base de apego seguro que sostenga la relación.

La clave es que el o la terapeuta se sienta seguro, apoyado, de modo que pueda facilitar un sistema seguro y estable.

Para todo este proceso necesitamos conectar emocionamente, es preciso trabajar el CONTACTO y la consiguiente creencia (puede haber proceso terapéutico sin una auténtica FE en el proceso?) en que puede haber un cambio… en que como terapeutas que intervenimos con adolescencias vulnerables, CREER ES CREAR…

Un GPS para el trabajo gestaltico con adolescencias (1).

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Me gusta la metáfora del GPS. No tenemos un mapa o un globo terráqueo, sino que vamos abriendo caminos en la incertidumbre del vivir. Tomamos una decisión que abre otras. Cerramos y abrimos.
También me gusta como metáfora para abrir este primer post en este año 2015. Tomo esta entrada, giro en esta rotonda. Tengo un mapa en el asiento del copiloto pero es un dibujo, una abstracción. El GPS me da la siguiente pista, el paso que viene.
Me viene a la cabezA esta imagen también en el día a día del trabajo en terapia, y en específico en el trabajo con la experiencia adolescente, ese complejo, delicado y apasionante momento…
Vayan aquí reflejadas algunas ideas a modo de GPS, algunas pildorillas sobre algunas reflexiones sencillas que me he hecho en mi acercamiento a las adolescencias.

Inicio: ubicación actual.
Antes de acercarnos a la realidad adolescente creo que es importante reflexionar como terapeutas acerca de la mirada que tenemos sobre este momento evolutivo.
Pienso que a lo largo de la historia cada generación maneja una optica sobre el hecho adolescente, a modo de espejo. Mirar las adolescencias supone enfrentar un reflejo del mundo adulto.
La adolescencia como constructo cultural (que es históricamente joven) es el momento en que el niño o la niña comienzan a hacer suyos los comportamientos y claves culturales que perciben en el entorno, imitándolos, introyectandolos.
Así pues, el consumo de alcohol, el uso de las nuevas tecnologías, la valoración de la estética y el consumo… se han convertido en rituales que forman parte del rito de transición actual.
Así pues, quizá previamente a acercarnos a la realidad adolescente debamos prepararnos para encontrarnos con nuestro reflejo y saber acogerlo. Ya que si lo juzgamos nos juzgamos a nosotras mismas.

En la siguiente rotonda, siga hacia delante.
No puede entenderse la adolescencia sin atender a la capa de fondo del desarrollo.
Como transición que supone entre el mundo infantil y el adulto es necesario entender este tiempo como una oportunidad de crecimiento, de reorganización de la función personalidad, ya que el self comienza a desplegarse en otras dimensiones, en base a la exploración, a la búsqueda de nuevas experiencias, nuevos límites…
Los primeros encuentros del bebe con el mundo son sensuales: el modo en que es sostenido, alimentado, bañado… son. experiencias que conforman la representación inicial de la que los niños y niñas aprenden su papel del campo en que han nacido.
Son altamente sensibles a las respuestas que se le van dando.
En ese sentido, y dentro de la capa de fondo del desarrollo es importante dibujar hipótesis que aboceten respuestas a las preguntas sobre la forma en que ha ido desarrollándose el campo organismo/entorno del adolescente, en una búsqueda compartida a lo largo del proceso de trabajo terapéutico.

Área de servicio: 300 metros.
Tampoco podemos aprehender el significado de la experiencia adolescente sin aproximarse a la capa de fondo del campo familiar.
Nunca estamos aisladas y desconectadas, siempre estamos en relación, dando forma y siendo formadas por el espacio de vida que es el campo que construimos y del que formamos parte.
En este sentido, dentro de las necesidades para este self, este nuevo tiempo de contacto que emerge, es trascendental atender a los modos de ajuste a cada uno de los entornos en los que se mueve la adolescente… en especial con respecto a su familia, pero también a su contexto cultural, a su grupo de iguales, en clase…
La terapeuta, a partir de su acercamiento al campo familiar, puede experimentar la forma de los contactos entre sus miembros, formando parte de ese campo, que a su vez transforma.
La respuesta a la pregunta: “De qué modo hace contacto con el entorno?” pasa por el contraste de la información con otros agentes así como el contraste con la experiencia del terapeuta dentro del contexto terapéutico, entendiendo este como otro espacio donde el adolescente pueda lograr un nuevo modo de ajuste con respecto al mundo adulto que le permite flexibilizar e ir actualizando su self, y con el su función personalidad, de modo que pueda ir relatandose de un modo ajustado creativamente a su realidad, una realidad que crea y le va creando de modo cambiante,( en ocasiones con gran rapidez)…
El trabajo con el campo adolescente/ familia, y sobre el modo en que se establece el contacto es un elemento fundamental, en las diferentes modalidades de trabajo que se establezcan en el contrato terapéutico.

Gire a la izquierda en el siguiente cruce a la derecha.
Su objetivo es diferenciarse de su modelo de papel básico para experimentar su propia identidad.
Hay un manejo de las distancias, necesitan rechazar pero sabiendo que el adulto sigue ahí.
Es por eso que es necesario el trabajo sobre su función personalidad, de modo que podamos abordar ciertos criterios de fondo para moverse en el mundo, es decir, poder trabajar sobre la habilidad del self para introyectar, de modo que pueda digerir introyectos para que ocupen su fondo, algo así como ir llenando los huecos, las grietas que existen en su comprensión del mundo.
En esta labor cobra una importancia capital la co/construcción de un ground seguro desde el que poder explorar y llevar a cabo ajustes creadores.

Salud Mental Liquida (III): psicopatología, gestalterapia y contexto social.

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Tal y como describía en los dos posts anteriores, este momento líquido social baumaniano, forma parte de un fondo de experiencia que compartimos tanto terapeutas como pacientes, ya  que forma parte del campo individuo/sociedad.

Podemos considerar que existe una relación entre el contexto sociocultural neoliberal descrito, y cierto nivel de anomia social, en su doble acepción de “deterioro o carencia de las normas sociales” y como trastorno del lenguaje que “impide llamar a las cosas por su nombre”, en palabras de Carmen Vazquez (“Sin ti no puedo ser yo”, Los libros del CTP, Madrid, 2014) y que de alguna manera sería la incapacidad de las estructuras sociales para proveer a las personas de lo necesario para lograr sus metas personales.images

En este sentido, podemos afirmar que vivimos en un momento de frustración, sensación de aislamiento y confusión, donde el individuo encuentra dificultades para lograr un ajuste creativo con respecto al entorno: el “homo eligens” de Bauman no encuentra la posibilidad de poder hacer un ajuste creativo que le permita crecer, y es en esa frontera-contacto donde comienza a gestarse su sufrimiento.

Desde este modo de mirar el contexto líquido, y el campo individuo/sociedad, nos encontramos un modo de rigidificación especifico de este tiempo social.

Este contexto, de alguna manera es actualizado en el aquí y ahora de la situación, a través de la función personalidad del self. La liquidez del contexto social es incorporada a la identidad de la persona a través de la función personalidad como si se tratara del “telón de fondo” del escenario donde ésta se despliega.

Así pues, creo que existe una clara relación entre el campo individuo/sociedad y la aparición de la psicopatología como una rigidificación en el ajuste creativo, que genera un campo teñido de frustración, tal y como podemos observar en el aumento de las conductas de tipo compulsivo en relación con los consumos de drogas, el abuso de las nuevas tecnologías, las compras compulsivas, así como con la violencia, los acting outs….

En este sentido encontramos una rigidez  en relación a la mentalidad, en relación a ese no-pensar que nos empuja a la errancia y al acto, sin capacidad de digestión. Sería algo así como ir hacia el entorno para agredir (en el sentido perlsiano del término en “Yo, hambre y agresión”), pero sin capacidad de asimilación.

Es un campo éste que presenta una sensación de soledad y aislamiento muy fuerte que genera no pocas patologías relacionadas con lo depresivo y con la sensación de vacío que trata de llenarse compulsivamente con la satisfacción inmediata que ofrecen, de nuevo, las nuevas tecnologías.

Aparece a su vez una interrupción en el contacto relacionada con la confuencia de fondo, en el sentido que se pierde la sensación de ground con respecto a la propia identidad en relación al entorno, y por tanto al establecimiento de un apego seguro que sirva de apoyo al surgimiento de relaciones contenedoras, lo cual genera a su vez mayor sensación de confusión. Encontramos así personas (adultos, niños, adolescentes…) con identidades difusas y sin límites claros, que desarrollan no pocas dificultades relacionadas con el trastorno límite de la personalidad.

La confluencia de fondo como interrupción del contacto en este campo guarda relación con la dificultad de estar en contacto con las propias necesidades, generando ajustes desconectados con respecto al propio cuerpo… que en muchos casos observamos como base en no pocas dificultades relacionadas con lo depresivo.

En relación con esta confluencia y la disociación surge el ajuste hiperactivo, a modo de retroflexión, en cuya base esta la dificultad de estar conectado con el propio cuerpo, en un intento de ajustarse a un entorno poco apoyador, de forma que es lo cinético un modo en que el niño o la niña tratan de ajustarse de modo hipertónico e hipercinético.

Este ajuste hipercinético es apoyado a su vez la velocidad del tiempo social postmoderno, donde la inmediatez y la búsqueda rápida de la satisfacción se han convertido en los principios rectores de la ingeniería relacional actual.

Por el lado del cuerpo, se observa además una creciente inflación narcisista, en un nuevo modo de egotismo, que conlleva su reverso de autodestruccion (músculo/anorexia).

Estas claves me parece nos aportan cieras claves de lectura de este “fondo experiencial” que me parece que están en la base de no pocos malestares modernos, y que creo que es importante tener en cuenta de cara a integrar estos aspectos dentro del aquí y ahora de la relación, porque forman parte indefectiblemente del campo.
Desde esta realidad, como agentes sociales de Salud Mental, nos encontramos con el encargo de gestionar las patologías de la postmodernidad: violencia, adicción, depresión y dispersión de la identidad, en personas que acuden a nuestros dispositivos y servicios con gran variedad de modos de demanda: hay los que piden por su “sufrimiento” un tratamiento y los hay que van a la Salud Mental a por la dosis, con las cuales, y como citaba en el post anterior, es trascendental que seamos capaces de ofertar propuestas relacionales como alternativas de salud, basadas en paradigmas holísticos, relacionales, sistémicos, basados en el contacto (como el paradigma gestáltico) que aporten alternativas fuertes, delimitados y coherentes en estos tiempos de confusión y anomia social.c12

SALUD MENTAL LÍQUIDA (2)

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Continúo el post que inicie hace un par de semanas acerca de qué paradigma en relación a la salud mental para este momento social. Reviso mis notas y me doy cuenta de que tampoco este post será breve… (Ay!)

El ser humano en este tiempo líquido se siente mas seguro estando solo que conectado a lo social. El miedo inoculado como un virus que lo impregna todo se focaliza en torno a la presencia del Otro en el entorno: vivimos con miedo a ser robados, agredidos, invadidos… El miedo y las reacciones al mismo se convierten en principio rector de la convivencia, en el cemento de los muros que contienen y nos protegen del inmigrante, del extraño, del potencial agresor, del enemigo, del ladrón…

El individuo neoliberal, este “homo eligens” solo se moverá y expresara, en cierta medida, con aquellos a los que considere de su propia clase, con los que puede llegar a sentirse protegido.

Eva Illouz (Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo, Buenos Aires, Katz, 2007) subraya la aparición de una “nueva cultura de la afectividad “en la que las relaciones económicas han adquirido un carácter profundamente emocional y las relaciones íntimas se definen cada vez más por modelos económicos y políticos de negociación.

Illouz llama “capitalismo emocional” a este estado de cosas –que se apropia de los afectos hasta convertirlos en mercancías– para dar cuenta de la transformación producida en el nuevo estado de civilización al incorporar en las estructuras públicas la intimidad y en las relaciones íntimas un lugar central al modelo económico y político de negociación e intercambio.

Las psicoterapias, así como el concepto de salud mental, de alguna manera son productos del tiempo social en el que viven. En este sentido podemos afirmar que cada sociedad construye o colabora en la construcción de un modo de psicoterapia, con su correspondiente modelo antropológico subyacente, necesariamente ligadas ambos al paradigma social imperante.
En relación a ello, como hijo de su época, aparece a partir de la década neoliberal de los ’90, un nuevo discurso sobre la Salud Mental y un nuevo modelo organizativo. Según Ubieto (2011)

“Cierto crecimiento economico inicial permite desplegar nuevos dispositivos y nuevos programas que alimentan la idea de un individualismo triunfante que, a efectos operativos, se traduce en un “cada uno se basta en su casa” y en una fragmentacion de los servicios y de la atencion. La diferenciación de roles profesionales se acentúa y el sujeto se convierte en causa sui, él es agente y gestor de su problemática. Ahora el “asunto”, para los especialistas, radica en la competencia por la pluralización de los “tratamientos” y por la legitimación institucional que de ellos haga el estado gestor. Los indicadores atienden basicamente a la eficiencia y la eficacia. Estos significantes “económicos” sustituyen los caducos significantes “ideológicos” centrados entre el “bien” y el “estar” para todos.”

Todo este proceso tiene como base un paradigma individualista, que apoyado por las aportaciones del estudio de la neurología, es teñido por una mirada médica y profundamente biologicista.

Por otro lado, y mediante la aparición de nuevos psicofármacos y al amparo de la potente industria farmacéutica, este nuevo paradigma social va calando progresivamente también en la prestación de servicios tanto de salud mental, como sociosanitarios, de inclusión social…

De la misma manera, las psicoterapias surgidas en los años 50 como alternativas al modelo psicoanalítico y al conductista, y en respuesta a la rígida y esclerotizada estructura social previa a mayo del 68, ejemplarizaron el aldabonazo sociocultural hacia posiciones que superaran el paradigma de la modernidad “sólida” de principios del siglo XX. De ese modo, surgen en estos años nuevos modelos de trabajo que contextualizan las prácticas liberadoras y de facilitación de la expresión emocional frente a la rigidez de la estructura social, potenciando maniobras de fortalecimiento del individuo.

En ese momento, donde la mayor parte de las psicoterapias se van difundiendo, va calando en el imaginario social la idea de dignificar la capacidad de la vida real: el no del niño es sano, las emociones son normales, lo corporal y la sexualidad pueden vivirse sin desorden… De modo que algunos sociólogos comienzan a hablar de “sociedad narcisista” (Lasch, 1978) en tono a este momento del sentir social.
De los 70 a los años 90, sin embargo, se comienza a hablar de “sociedad tecnológica” (Spagnuolo, 2011) donde la tecnología se sitúa en el centro de la vida social. La generación surgida de estos años vive la presión de unos progenitores que deseaban que sus hijos e hijas fueran “dioses”, pero sin el apoyo a su propios deseos y su búsqueda de ser alguien en el mundo.

De este modo, desarrollan una modalidad de relación borderline: ambivalente, insatisfecha, incapaz de separarse para encontrar su propia identidad, su propia fuerza. La búsqueda ya no es liberarse de la opresión sino más bien encontrarse a uno mismo. La necesidad básica del homo eligens baumaniano es la de encontrar la propia identidad.
De los 90 al momento actual los hijos e hijas de este momento borderline encontraron la ausencia de relaciones íntimas, constitutivas, en unos padres ambivalentes, ausentes en sus trabajos, sin sensación de enraizamiento, sin transmisión intergeneracional de valores, en nuevos espacios sociales multiculturales… que han provocado una mayor vivencia emocional líquida: incapaz de contener la excitación del encuentro con el otro, pero abierta a los flujos de información y comunicación de las redes sociales.

El niño o la niña que se encuentran dedicados a una tarea, no encuentran ningún progenitor en casa que contenga su excitación, que les recoja… pero si que pueden descargar ésta a través de un ordenador conectado a internet, de modo que tras no encontrar ninguna figura contenedora en el entorno, esta excitación se transforma en ansiedad.

La respuesta ante la ansiedad es la desensibilizacion con respecto a lo corporal. Se genera así una disociación de las propias necesidades, una desensibilizacion asociada a un importante nivel de ansiedad que es descargado en el entorno a través de diferentes respuestas como el uso de internet, las compras, la comida… y través de la agitación motriz (que sin duda está a la base del diagnóstico del TDAH…).

Esta dinámica describe, de modo genérico, un fondo experiencial sociocultural que creo que aporta una clave de significado a las figuras psicopatologicas que aparecen en la relación, y que vamos viendo en nuestro quehacer cotidiano.

En este sentido, creo que es importante plantearse la pregunta sobre… que práctica psicoterapéutica es necesaria en este momento social?
La psicoterapia gestalt , y en concreto la aportación a la misma de Goodman, ofrece una respuesta: quizá una clave para la intervención psicoterapéutica (u otro tipo de prácticas como las pedagógicas, las de la intervención social, las clínicas…) descanse sobre un nuevo paradigma que supere la mirada individualista y la desplace al campo organismo/entorno, de forma que aporte un nuevo suelo en que basar el trabajo sobre la RELACIÓN, sobre el CONTACTO con el otro, que sea capaz de apoyar y restaurar la capacidad de enlazarse y de volver a tejer las redes sociales que poco a poco han ido desdibujandose, que apoye el enraizamiento en torno al cuerpo, la capacidad de sabernos sentir en relación. Tal y como afirma Spagnuolo: “La lectura gestaltica del miedo líquido corresponde a un sentir en el que la excitación que debería llevarse al contacto se convierte en energía no definida, falta el reflejar y la contención relacional, el sentido de la presencia del otro, la “pared” que nos permite saber que nos tenemos” (“El ahora para lo siguiente en psicoterapia” Spagnuolo, 2011.)
Así pues, desde mi punto de vista, cualquier prestación de servicios psicoterapéuticos (o de otro tipo) que no integre la dimensión relacional no será capaz de ofrecer una alternativa eficaz sanadora en este momento social, o de tejer una propuesta alternativa a la tendencia psicopatologizadora, biologicista e individualista que nos rodea.

Salud Mental Líquida… (1)

El pasado miércoles 15 de octubre dinamice un primer módulo de formación dentro del Master de Psicologia de la Intervención Social de la Universidad de Deusto, sobre “Perspectiva relacional en intervención social”

Mi idea era generar una reflexión teórica y experiencial en torno a la perspectiva relacional en la intervención social, en cuyo discurso creo que la psicoterapia tiene mucho que decir.

Dejar un espacio para el contacto, la relación o la emoción dentro del “mundo académico” me parecía muy sugerente, y además me apetecía compartir algunas reflexiones que me preocupan como psicólogo, sobre todo en un contexto donde otros futuros profesionales se están formando.

Por otro lado, escribo estas líneas con la idea de entender nuestra práctica terapéutica en relación con las dinámicas psicosociales que genera nuestro contexto sociocultural más cercano, y que son el fondo de la figura de la persona que acude a terapia, de toda persona…también del o la terapeuta.

Entiendo pues, que el contexto neoliberal (líquido, en terminología de Bauman) es parte del campo en que trabajamos y nos aporta un fondo de experiencia que se encuentra en la base de no pocos malestares modernos.

Así pues, siguiendo las tesis de Bauman, (Z.Bauman, Modernidad líquida, México, FCE, 2002) vivimos en un tiempo, que este autor denomina como “modernidad líquida”.

La característica definitoria de los líquidos es la imposibilidad de mantener su forma y, a la vez, su vulnerabilidad.

“La disolución de los sólidos” adquiere el significado de la licuefacción entre los vínculos entre acciones individuales y acciones colectivas. Lo que diferencia a la sociedad actual de aquella de la modernidad en su fase sólida, que buscaba ser duradera y resistente al cambio, es la creciente debilidad de los lazos sociales.

El poder de licuefacción se ha desplazado del “sistema” a la “sociedad”, de la “política” a las “políticas de vida”, ha descendido del “macronivel” al “micronivel” de la cohabitación social. En esta forma privatizada de la modernidad, el peso de las responsabilidades y los fracasos cae primordialmente sobre los hombros del individuo. Los individuos se ven condenados a buscar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas.
En este ambiente se advierte un especial recrudecimiento de la xenofobia, de los fantasmas del tribalismo, al calor de la creciente sensación de inseguridad emergente de la incertidumbre y desprotección de nuestra moderna existencia líquida. “Culpar a los inmigrantes” -los extranjeros, los recién llegados- de la paralizante sensación de inseguridad se va transformando en un hábito político que genera réditos, tal como podemos apreciar en estos días en determinadas fuerzas políticas. Hoy se habla de “la desaparición de la sociedad” y la aparición de un mosaico de destinos individuales sin vínculos con las acciones colectivas lo que nos plantea un serio reto como ciudadanos/as y terapeutas.

“El deseo es el anhelo de consumir, de absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar. El deseo no necesita otro estímulo más que la presencia de la alteridad. Esa presencia es siempre una afrenta y una humillación”. Zygmunt Bauman (Polonia, 1925) Amor líquido.

Nuestros contemporáneos, dice Bauman, desesperados al sentirse descartables, siempre ávidos de una “mano servicial”, sin embargo, todo el tiempo desconfían del “estar relacionados” sobre todo si es “para siempre”, temen convertirse en una carga y desatar expectativas que no pueden ni desean soportar.

Tal vez decir “deseo” sea demasiado, nos recuerda Bauman. Como en los shoppings: los compradores de hoy no compran para satisfacer su deseo, sino que compran por ganas. Lleva tiempo sembrar, cultivar y alimentar el deseo. El deseo necesita tiempo para germinar, crecer y madurar. A medida que el “largo plazo” se hace cada vez más corto, la velocidad con que madura el deseo, no obstante, se resiste con terquedad a la aceleración; el tiempo necesario para recoger los beneficios de la inversión realizada en el cultivo del deseo parece cada vez más largo, irritante e insoportablemente larga. Al igual que otros productos, la relación es para consumo inmediato (no requiere una preparación adicional ni prolongada) y para uso único, “sin perjuicios”. Primordial y fundamentalmente, es descartable. Si resultan defectuosos o no son “plenamente satisfactorios”, los productos pueden cambiarse por otros, que se suponen más satisfactorios. Pero aun en el caso de que el producto cumpla con lo prometido, ningún producto es de uso extendido: después de todo coches, móviles, ordenadores perfectamente usables y que funcionan relativamente bien van a engrosar la pila de desechos con pocos o ningún escrúpulo en el momento en que sus “versiones nuevas y mejoradas” aparecen en el mercado y se convierten en comidilla de todo el mundo.

Tras haber pasado de una sociedad de productores a otra de consumidores perpetuos, establecer relaciones para siempre, hablar de compromiso, es una cuestión fuera de sentido. Las relaciones se han convertido en inversiones, en bienes como cualquier otro. “Estar en una relación” significa un montón de dolores de cabeza, pero sobre todo una perpetua incertidumbre. Uno nunca puede estar verdadera y plenamente seguro de lo que debe hacer, y jamás tendrá la certeza de que ha hecho lo correcto o de que lo ha hecho en el momento adecuado. Estudiamos detenidamente los siete signos del cáncer o los cinco de la depresión o exorcizamos el espectro de la alta presión sanguínea o del alto nivel de colesterol.

Buscamos objetivos sustitutos en los que descargar el aumento de miedo existencial, al que se le han cerrado sus salidas habituales, y los encontramos en no inhalar el cigarrillo de otro, no comer comida con grasa o bacterias perjudiciales, no exponernos al sol o al sexo sin protección, o poniendo guardias armados o tomando clases de artes marciales. Ley y orden, reducido todo a seguridad personal, es la base de muchas ofertas políticas.

Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.
En un mundo de carácter empresarial y práctico como el que vivimos (un mundo que busca el beneficio inmediato), todo aquello que no pueda demostrar su valor con cifras es muy arriesgado. Por tanto, materias de estudio como la historia, la música, la filosofía…, que contribuyen al desarrollo del ser humano, más que una ventaja social, política o económica son un peligro. Porque el ser humano ha dejado de tener valor “humano” para pasar a ser un simple objeto de producción o consumo.

La sociedad obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, conduciendo un determinado coche… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a los sitios que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers… y todos se creen singulares.

La lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los objetos, y ésto, evidentemente, requiere dinero.
A este individuo asediado Bauman lo define como homo eligens, hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente elige). 

El homo eligens es un yo permanentemente impermanente, completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico.

(Continúa en dos próximos posts)

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EL VERANEO COMO EXPERIENCIA ESTÉTICA.

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El verano. Un buen momento para prestar atención a todas aquellas pequeñas cosas que probablemente han pasado inadvertidas durante el resto del año, y que de alguna forma pasan del fondo a convertirse en figura.

Más allá de las prisas, de las demandas del trabajo, de otros compromisos entiendo que unas buenas vacaciones son aquellas que permiten prestar atención a otras cosas.

Pienso en los mensajes, seguramente amplificados por el marketing, que se han adherido a nuestra cultura del día a día, relativos a “escaparse” o “desconectar” y que de alguna manera tienen como trasfondo una visión individualizadora de la persona, que fomentan la necesidad de escapar, mediante la adquisición de algún bien o producto, de una realidad que implícitamente nos genera malestar, sufrimiento…. Justificando de ese modo tácitamente una realidad incómoda que de alguna forma la “escapada” nos permite sobrellevar.

Aún reconociendo el goce que aporta la novedad que conlleva un viaje, o cambiar de lugar de residencia, o del contacto con la naturaleza, la montaña, el mar… creo que tenemos una serie de ideas introyectadas sobre el verano y las vacaciones en esta clave.

Prestar atención a otras cosas. Se me antoja (en mitad de mis vacaciones en las montañas pirenaicas) que quizá esta sea una clave de salud en el sentido en que reivindica el estar centrado en la atención, en estar abiertos a lo que la estética del contacto nos pueda aportar: que entiendo que no es tanto el “desconectar” como el conectarse a lo que uno siente, experimenta. Pienso en darnos el permiso de oír el sonido del mar, el tacto de la hierba en los pies, el calor del sol, la conversación sin prisas, la ingravidez de nuestro cuerpo en el agua, el frescor del agua… Experiencias que el verano nos brinda como posibilidad y que de alguna forma nos pasan inadvertidas y que son fuente en sí mismas de salud en tanto en cuanto nos remiten al descanso, a la calma y con ambas al cuerpo.

En este sentido quizá la época nos estival nos brinde posibilidades de re/conectar si somos capaces de reorientar nuestra propuestas vacacionales en torno a estas, y no tanto quizá en las propuestas comerciales.

Escucho estos días en la radio las advertencias de los psicólogos en torno a los conflictos derivados de la mayor presencia en casa y del aumento de las probabilidades de conflictos con pareja, familiares e hijos. Como una advertencia. Me llama la atención este tipo de reflexión porque me remiten a un modelo determinado de familia en el que los miembros no están juntos o no tienen conflictos durante el año. Me da la impresión de que esta reflexión parte de un “lugar común” que quizá tenga que ver con un modelo de familia de otro tiempo. Posiblemente los conflictos relacionales sean una posibilidad más para estar presente, y para darnos el tiempo necesario para poder leerlos y sacar conclusiones de ellos.

Otro lugar común al que seguramente asistiremos estos días es el del síndrome post vacacional… Donde de nuevo asistimos a una cita con un concepto cuya denominación no es inocente, que relaciona una vivencia de adaptación natural con un síndrome, que además forma parte ya del lenguaje cotidiano… Como ante cualquier experiencia nueva es necesario un proceso de adaptación donde se movilizan todas las funciones del self adquiridas en experiencias previas, y que son actualizadas en el aquí y ahora de la situación. En este sentido el descanso es una experiencia ante la cual es necesaria una adaptación. Que dista mucho de ser etiquetado como “trastorno”.

En este sentido me parece interesante proponernos el “veraneo” como una experiencia estética, Segun Laura Perls, la estética nos refiere a la ciencia del conocimiento sensible, en oposición al conocimiento desde la lógica. Quizá el descanso estival nos posibilite un tiempo de atención hacia nuestras necesidades, lo sensorial, lo corporal…

Convertir el veraneo en una experiencia estética es una propuesta dirigida a mejorar nuestro descanso (una responsabilidad social conquistada tras años de esfuerzo sindical, y una reivindicación social necesaria en estos tiempos) y que el verano y el veraneo (en gerundio) nos posibilita y para que requieren de por sí ninguna propuesta consumista.

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LA VERGÜENZA.

20140714-145445.jpg Sigo reescribiendo los apresurados apuntes que tuve la ocasión de tomar en Milan con Jean Marie Robine. Esta vez me apetece compartir algunas reflexiones que me han servido en mi práctica terapéutica, y en el plano más personal, con respecto a la vergüenza, y en especial a esta en terapia…

En esta nuestra sociedad occidental neoliberal ha acabado imponiéndose un paradigma individualista/narcisista según el cual es abanderada la idea de la autosuficiencia, de modo que si la persona muestra su necesidad, termina sintiéndose frágil y aparece la vergüenza. Cuando tenemos necesidades no “adecuadas” estamos invitados a tener vergüenza de estas necesidades. Una forma de no sentirla es llegar a entenderlas como si se trataran de necesidades infantiles, cuando reconocer un estado de necesidad es algo propio del adultoDe ese modo rechazamos el reconocimiento de las propias necesidades para relegarlas al fantasioso mundo de lo infantil.

La vergüenza se encuentra habitualmente cerca de la introyeccion, ante la excitación del deseo. Nos avergonzamos de sentirnos deseantes. En los procesos psicoterapéuticos nos encontramos con personas que atraviesan la vergüenza de reconocer las propias dificultades, el sufrimiento, delante de otra persona (terapeuta). Por ello es clave atender esta realidad emocional. La gente viene a terapia porque siente no ser quien debiera ser, y quiere poner esto bajo la mirada de otro. Entonces, cuando acogemos a un cliente la situación es generadora de vergüenza. El otro esta en una situación frágil en la cual es fácil que llegue a experimentar vergüenza.

Es en el vínculo donde algo se puede restaurar.

Desde esta realidad, si como profesional no conozco como la experimento, lo que la genera, no puedo abordarla…  Es muy importante aceptar que somos avergonzadores y explorar que hacemos para avergonzar. Hay que crear las condiciones que permitan atravesar la vergüenza de tener vergüenza, para poder abordarla. Ningún paciente va a contar algo si no esta seguro que su terapeuta le va acoger, sostener. Puede darse de hecho incluso que un paciente sepa algo de su terapeuta que entiende que no debiera saber y que ello acabe convirtiéndose en una barrera que provoque que oculte un contenido.

Desde una mirada de campo la técnica de repropiacion de la proyección rompe el contacto. La proyección lo establece. Entendemos estos procesos como tentativas de contacto, no como interrupciones del contacto. Proyectando estamos intentando contactar con el otro. Si lo reapropias dejas de verle, y cambias el contacto. Estos procesos deben apoyarse para acceder a la experiencia que esta allí. Lo importante es la experiencia que se manifiesta así. La experiencia puede llevar al paciente a apropiarse de algunas partes de las que no se mostraba consciente. En un ejemplo, para ver esto más claro, podría ser así…

Paciente: no te interesas por mi.

Terapeuta: que cosas hago yo que te hace sentir esto.

En este caso no nos es tan importante señalar el proceso como apoyar la intencionalidad del contacto. Y esto porque trabajamos afectandonos el uno al otro constantemente. Decidir que es una proyección no es una decisión fenomenologica. Decide el terapeuta.

Sostener tiene que ver con preguntarse que hago yo para sostener esta percepción del paciente. La vergüenza es sentirse inadecuado, insuficiente, no ajustado a la situación, malo, así como soy no soy digno de ser de la comunidad humana, no puedo ser amado. Entonces, la vergüenza fundamentalmente tiene que ver con quien soy, o mejor con quien creo que yo soy. Lo que permite disociar la vergüenza de la culpabilidad es algo respecto a algo que he hecho, a una acción.

La sociedad ofrece más posibilidades de solucionar la culpa que la vergüenza. Tenemos instrumentos como la prisión, la multa, la penitencia que nos brindan Posibilidades de reparar. De pagar. Pero para la vergüenza nada es posible, porque es algo respecto a lo que yo soy: Quien soy, como puedo repararlo? El otro me demuestra que lo que soy no es aceptable. No lo hago solo, puesto que tiene que ver con la situación. Cuando se vive una experiencia de vergüenza uno quiere desaparecer. Escapar de la mirada de los demás. Esto quiere decir que el otro esta presente.

Desde la clave de lectura de La autorregulación, como puedo entender que cuando quiero desaparecer a los ojos de los demás, me pongo rojo? Si quiero desaparecer hay maneras más eficaces de desaparecer. Cuando hay energía y esta no fluye es cuando me pongo rojo, con la rabia, la excitación, el deseo… La vergüenza esta conectada con el deseo y la excitación. No hay vergüenza sin deseo. Deseo en el sentido amplio.

Sylvan S. Tomkins, científico americano, analiza las emociones desde diferentes ópticas. En un eje de menos a más, que va desde el interés a la excitación, la vergüenza aparece en su sistematización como un regulador que se puede mover en este eje. Hasta un punto puedo sostener la excitación, pero llegado a un punto la vergüenza me permite cortar, es como un regulador. Tomkins ha reconocido este mecanismo en bebés de 15 días. Es el esquema motor. El bebe oye a la madre, se agita, se excita y no puede sostener la excitación. Se quiere esconder. Es un modo de regular la excitación, de manera congénita. No es vergüenza pero lo llegara a ser. Como terapeutas debemos preguntarnos si tenemos vergüenza de nuestra vergüenza, ya que va a aparecer en terapia: un reproche de un paciente puede darme vergüenza. Podemos caer en librarnos de la vergüenza “pasándosela” al otro, sin llegar a conocerla como algo que se da en el campo, y que tiene que ver con nuestra función yo.

El antídoto es restaurar la solidaridad.

La vergüenza se produce cuando no hay solidaridad. En este sentido, no es el médico el que cura al paciente, el terapeuta es la OCASIÓN para que el paciente mejore. Este proceso solidario tiene que ver con la autorregulación, una de las claves de bóvedas de nuestro sistema teórico de referencia. Perls ha reflexionado mucho sobre la autorregulación organismica, mientras que Jean Marie Robine prefiere hablar de regulación de la situación o de la relación. Es el self el yo mismo, o es otra cosa?

En psicoterapia gestalt, el self es el organizador del contacto con el mundo.

La pregunta para el terapeuta sería algo a sí como “¿La regulación en mi contacto con el mundo o mi propia autorregulación, apoya una regulación egotista o solidaridaria, que trabaja con los vínculos? Hay dos formas fundamentales de la vergüenza, entender la vergüenza como emoción, que se siente corporalmente, con la que quiero desaparecer.

Hay otra forma de vergüenza que se puede no sentir, que (de manera provisional) vamos a llamar existencial. Y que no viene a la consciencia porque todos tenemos muchas defensas para no sentirla. Los psicólogos y filósofos evidencian la angustia existencial ligada al facto de nuestra condición humana: que todos vamos a morir. Esta experiencia de vergüenza, no la sentimos siempre, pero podemos sentirla cuando nuestros mecanismos no son lo bastante fuertes.

La angustia existencial puede ser que me sienta pequeña o que este escondida y no me de cuenta. Es importante que los y las clínicos/as nos demos cuenta de que puede aparecer con formas como la rabia, la depresión, con síntomas psicosomáticos, envidia…

Puede tomar diferentes formas.

La vergüenza existencial es tan dolorosa que vamos a inventar algo para no sentirla. Es importante tener en la cabeza la experiencia de la vergüenza. Hay formas de la vergüenza más atenuadas, estar en una situación embarazosa, la timidez,…

El que violenta es el que transfiere su propia vergüenza a la víctima.

También el/la terapeuta, el supervisor/apuede ser un vergonzador, podemos confrontar al otro con su propia ignorancia, aunque no se el propósito. Un aspecto positivo de la vergüenza es cuando advierto que en este punto puedo ser mejor. Nadie me va a poner en la vergüenza por algo en que se que no va a poder mejorar. Otro aspecto que esta plegado dentro de la vergüenza es el del deseo.

Es importante descubrir el deseo del cliente y que lo validamos. Que lo acogemos. Es importante ayudarle a diferenciar esto, y diferenciar el deseo de su realización. No soy responsable de mis deseos, soy responsable de mi comportamiento. Validar no quiere decir aprobar.

No quiero decirle a un paciente que no es una mierda, o que si lo es… sino que entiendo lo que vive, y que lo que vive le lleva a tener una percepción de sí mismo. Divorciarse, por ejemplo, puede ser una forma del deseo, no el deseo en sí (que puede tener que ver con tener una verdadera intimidad en la pareja) La única forma que puede imaginar a esto es a través del divorcio. Lo que ha de legitimarse es su deseo de intimidad, no tanto en el divorcio en sí. El divorcio estaría en relación con la función personalidad, mientras que el deseo de intimidad estaría relacionada con la función ello. En esa concreción esta la vergüenza, no tanto en el deseo. El deseo es la intencionalidad. Por eso es tan importante explorar la función ello. Es como volver a la fuente de la experiencia, a la fuente de la emoción, a la figura del cuidador. Es la emoción la creación, pensamiento…

Encontramos buenos ejemplos en la sexualidad, porque en en ella cuando más frágil estoy a la vista, y en lo más íntimo de mi mayor intimidad. Otro ejemplo sería el orgullo; me da vergüenza mi propio orgullo y mediante la vergüenza me presento como humilde. Es como la formación reactiva del psicoanálisis.

La solidaridad, como decía anteriormente, es el antídoto de la rotura del vínculo que genera la vergüenza, porque como estoy no soy digno de pertenecer. La solidaridad es restaurar este vínculo, es volver a sentirse parte de la comunidad.

Los tres antídotos fundamentales para la vergüenza serían pues, la solidaridad, el apoyo y la restauración del vínculo. Una pauta importante en estos procesos es buscar el deseo que habita en la vergüenza.

Este deseo no fue apoyado por el entorno. La vergüenza nos habla de la historia de contacto con el entorno de la persona.

Iñaki García Maza.