Salud Mental Líquida… (1)

El pasado miércoles 15 de octubre dinamice un primer módulo de formación dentro del Master de Psicologia de la Intervención Social de la Universidad de Deusto, sobre “Perspectiva relacional en intervención social”

Mi idea era generar una reflexión teórica y experiencial en torno a la perspectiva relacional en la intervención social, en cuyo discurso creo que la psicoterapia tiene mucho que decir.

Dejar un espacio para el contacto, la relación o la emoción dentro del “mundo académico” me parecía muy sugerente, y además me apetecía compartir algunas reflexiones que me preocupan como psicólogo, sobre todo en un contexto donde otros futuros profesionales se están formando.

Por otro lado, escribo estas líneas con la idea de entender nuestra práctica terapéutica en relación con las dinámicas psicosociales que genera nuestro contexto sociocultural más cercano, y que son el fondo de la figura de la persona que acude a terapia, de toda persona…también del o la terapeuta.

Entiendo pues, que el contexto neoliberal (líquido, en terminología de Bauman) es parte del campo en que trabajamos y nos aporta un fondo de experiencia que se encuentra en la base de no pocos malestares modernos.

Así pues, siguiendo las tesis de Bauman, (Z.Bauman, Modernidad líquida, México, FCE, 2002) vivimos en un tiempo, que este autor denomina como “modernidad líquida”.

La característica definitoria de los líquidos es la imposibilidad de mantener su forma y, a la vez, su vulnerabilidad.

“La disolución de los sólidos” adquiere el significado de la licuefacción entre los vínculos entre acciones individuales y acciones colectivas. Lo que diferencia a la sociedad actual de aquella de la modernidad en su fase sólida, que buscaba ser duradera y resistente al cambio, es la creciente debilidad de los lazos sociales.

El poder de licuefacción se ha desplazado del “sistema” a la “sociedad”, de la “política” a las “políticas de vida”, ha descendido del “macronivel” al “micronivel” de la cohabitación social. En esta forma privatizada de la modernidad, el peso de las responsabilidades y los fracasos cae primordialmente sobre los hombros del individuo. Los individuos se ven condenados a buscar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas.
En este ambiente se advierte un especial recrudecimiento de la xenofobia, de los fantasmas del tribalismo, al calor de la creciente sensación de inseguridad emergente de la incertidumbre y desprotección de nuestra moderna existencia líquida. “Culpar a los inmigrantes” -los extranjeros, los recién llegados- de la paralizante sensación de inseguridad se va transformando en un hábito político que genera réditos, tal como podemos apreciar en estos días en determinadas fuerzas políticas. Hoy se habla de “la desaparición de la sociedad” y la aparición de un mosaico de destinos individuales sin vínculos con las acciones colectivas lo que nos plantea un serio reto como ciudadanos/as y terapeutas.

“El deseo es el anhelo de consumir, de absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar. El deseo no necesita otro estímulo más que la presencia de la alteridad. Esa presencia es siempre una afrenta y una humillación”. Zygmunt Bauman (Polonia, 1925) Amor líquido.

Nuestros contemporáneos, dice Bauman, desesperados al sentirse descartables, siempre ávidos de una “mano servicial”, sin embargo, todo el tiempo desconfían del “estar relacionados” sobre todo si es “para siempre”, temen convertirse en una carga y desatar expectativas que no pueden ni desean soportar.

Tal vez decir “deseo” sea demasiado, nos recuerda Bauman. Como en los shoppings: los compradores de hoy no compran para satisfacer su deseo, sino que compran por ganas. Lleva tiempo sembrar, cultivar y alimentar el deseo. El deseo necesita tiempo para germinar, crecer y madurar. A medida que el “largo plazo” se hace cada vez más corto, la velocidad con que madura el deseo, no obstante, se resiste con terquedad a la aceleración; el tiempo necesario para recoger los beneficios de la inversión realizada en el cultivo del deseo parece cada vez más largo, irritante e insoportablemente larga. Al igual que otros productos, la relación es para consumo inmediato (no requiere una preparación adicional ni prolongada) y para uso único, “sin perjuicios”. Primordial y fundamentalmente, es descartable. Si resultan defectuosos o no son “plenamente satisfactorios”, los productos pueden cambiarse por otros, que se suponen más satisfactorios. Pero aun en el caso de que el producto cumpla con lo prometido, ningún producto es de uso extendido: después de todo coches, móviles, ordenadores perfectamente usables y que funcionan relativamente bien van a engrosar la pila de desechos con pocos o ningún escrúpulo en el momento en que sus “versiones nuevas y mejoradas” aparecen en el mercado y se convierten en comidilla de todo el mundo.

Tras haber pasado de una sociedad de productores a otra de consumidores perpetuos, establecer relaciones para siempre, hablar de compromiso, es una cuestión fuera de sentido. Las relaciones se han convertido en inversiones, en bienes como cualquier otro. “Estar en una relación” significa un montón de dolores de cabeza, pero sobre todo una perpetua incertidumbre. Uno nunca puede estar verdadera y plenamente seguro de lo que debe hacer, y jamás tendrá la certeza de que ha hecho lo correcto o de que lo ha hecho en el momento adecuado. Estudiamos detenidamente los siete signos del cáncer o los cinco de la depresión o exorcizamos el espectro de la alta presión sanguínea o del alto nivel de colesterol.

Buscamos objetivos sustitutos en los que descargar el aumento de miedo existencial, al que se le han cerrado sus salidas habituales, y los encontramos en no inhalar el cigarrillo de otro, no comer comida con grasa o bacterias perjudiciales, no exponernos al sol o al sexo sin protección, o poniendo guardias armados o tomando clases de artes marciales. Ley y orden, reducido todo a seguridad personal, es la base de muchas ofertas políticas.

Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.
En un mundo de carácter empresarial y práctico como el que vivimos (un mundo que busca el beneficio inmediato), todo aquello que no pueda demostrar su valor con cifras es muy arriesgado. Por tanto, materias de estudio como la historia, la música, la filosofía…, que contribuyen al desarrollo del ser humano, más que una ventaja social, política o económica son un peligro. Porque el ser humano ha dejado de tener valor “humano” para pasar a ser un simple objeto de producción o consumo.

La sociedad obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, conduciendo un determinado coche… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a los sitios que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers… y todos se creen singulares.

La lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los objetos, y ésto, evidentemente, requiere dinero.
A este individuo asediado Bauman lo define como homo eligens, hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente elige). 

El homo eligens es un yo permanentemente impermanente, completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico.

(Continúa en dos próximos posts)

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EL VERANEO COMO EXPERIENCIA ESTÉTICA.

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El verano. Un buen momento para prestar atención a todas aquellas pequeñas cosas que probablemente han pasado inadvertidas durante el resto del año, y que de alguna forma pasan del fondo a convertirse en figura.

Más allá de las prisas, de las demandas del trabajo, de otros compromisos entiendo que unas buenas vacaciones son aquellas que permiten prestar atención a otras cosas.

Pienso en los mensajes, seguramente amplificados por el marketing, que se han adherido a nuestra cultura del día a día, relativos a “escaparse” o “desconectar” y que de alguna manera tienen como trasfondo una visión individualizadora de la persona, que fomentan la necesidad de escapar, mediante la adquisición de algún bien o producto, de una realidad que implícitamente nos genera malestar, sufrimiento…. Justificando de ese modo tácitamente una realidad incómoda que de alguna forma la “escapada” nos permite sobrellevar.

Aún reconociendo el goce que aporta la novedad que conlleva un viaje, o cambiar de lugar de residencia, o del contacto con la naturaleza, la montaña, el mar… creo que tenemos una serie de ideas introyectadas sobre el verano y las vacaciones en esta clave.

Prestar atención a otras cosas. Se me antoja (en mitad de mis vacaciones en las montañas pirenaicas) que quizá esta sea una clave de salud en el sentido en que reivindica el estar centrado en la atención, en estar abiertos a lo que la estética del contacto nos pueda aportar: que entiendo que no es tanto el “desconectar” como el conectarse a lo que uno siente, experimenta. Pienso en darnos el permiso de oír el sonido del mar, el tacto de la hierba en los pies, el calor del sol, la conversación sin prisas, la ingravidez de nuestro cuerpo en el agua, el frescor del agua… Experiencias que el verano nos brinda como posibilidad y que de alguna forma nos pasan inadvertidas y que son fuente en sí mismas de salud en tanto en cuanto nos remiten al descanso, a la calma y con ambas al cuerpo.

En este sentido quizá la época nos estival nos brinde posibilidades de re/conectar si somos capaces de reorientar nuestra propuestas vacacionales en torno a estas, y no tanto quizá en las propuestas comerciales.

Escucho estos días en la radio las advertencias de los psicólogos en torno a los conflictos derivados de la mayor presencia en casa y del aumento de las probabilidades de conflictos con pareja, familiares e hijos. Como una advertencia. Me llama la atención este tipo de reflexión porque me remiten a un modelo determinado de familia en el que los miembros no están juntos o no tienen conflictos durante el año. Me da la impresión de que esta reflexión parte de un “lugar común” que quizá tenga que ver con un modelo de familia de otro tiempo. Posiblemente los conflictos relacionales sean una posibilidad más para estar presente, y para darnos el tiempo necesario para poder leerlos y sacar conclusiones de ellos.

Otro lugar común al que seguramente asistiremos estos días es el del síndrome post vacacional… Donde de nuevo asistimos a una cita con un concepto cuya denominación no es inocente, que relaciona una vivencia de adaptación natural con un síndrome, que además forma parte ya del lenguaje cotidiano… Como ante cualquier experiencia nueva es necesario un proceso de adaptación donde se movilizan todas las funciones del self adquiridas en experiencias previas, y que son actualizadas en el aquí y ahora de la situación. En este sentido el descanso es una experiencia ante la cual es necesaria una adaptación. Que dista mucho de ser etiquetado como “trastorno”.

En este sentido me parece interesante proponernos el “veraneo” como una experiencia estética, Segun Laura Perls, la estética nos refiere a la ciencia del conocimiento sensible, en oposición al conocimiento desde la lógica. Quizá el descanso estival nos posibilite un tiempo de atención hacia nuestras necesidades, lo sensorial, lo corporal…

Convertir el veraneo en una experiencia estética es una propuesta dirigida a mejorar nuestro descanso (una responsabilidad social conquistada tras años de esfuerzo sindical, y una reivindicación social necesaria en estos tiempos) y que el verano y el veraneo (en gerundio) nos posibilita y para que requieren de por sí ninguna propuesta consumista.

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LA VERGÜENZA.

20140714-145445.jpg Sigo reescribiendo los apresurados apuntes que tuve la ocasión de tomar en Milan con Jean Marie Robine. Esta vez me apetece compartir algunas reflexiones que me han servido en mi práctica terapéutica, y en el plano más personal, con respecto a la vergüenza, y en especial a esta en terapia…

En esta nuestra sociedad occidental neoliberal ha acabado imponiéndose un paradigma individualista/narcisista según el cual es abanderada la idea de la autosuficiencia, de modo que si la persona muestra su necesidad, termina sintiéndose frágil y aparece la vergüenza. Cuando tenemos necesidades no “adecuadas” estamos invitados a tener vergüenza de estas necesidades. Una forma de no sentirla es llegar a entenderlas como si se trataran de necesidades infantiles, cuando reconocer un estado de necesidad es algo propio del adultoDe ese modo rechazamos el reconocimiento de las propias necesidades para relegarlas al fantasioso mundo de lo infantil.

La vergüenza se encuentra habitualmente cerca de la introyeccion, ante la excitación del deseo. Nos avergonzamos de sentirnos deseantes. En los procesos psicoterapéuticos nos encontramos con personas que atraviesan la vergüenza de reconocer las propias dificultades, el sufrimiento, delante de otra persona (terapeuta). Por ello es clave atender esta realidad emocional. La gente viene a terapia porque siente no ser quien debiera ser, y quiere poner esto bajo la mirada de otro. Entonces, cuando acogemos a un cliente la situación es generadora de vergüenza. El otro esta en una situación frágil en la cual es fácil que llegue a experimentar vergüenza.

Es en el vínculo donde algo se puede restaurar.

Desde esta realidad, si como profesional no conozco como la experimento, lo que la genera, no puedo abordarla…  Es muy importante aceptar que somos avergonzadores y explorar que hacemos para avergonzar. Hay que crear las condiciones que permitan atravesar la vergüenza de tener vergüenza, para poder abordarla. Ningún paciente va a contar algo si no esta seguro que su terapeuta le va acoger, sostener. Puede darse de hecho incluso que un paciente sepa algo de su terapeuta que entiende que no debiera saber y que ello acabe convirtiéndose en una barrera que provoque que oculte un contenido.

Desde una mirada de campo la técnica de repropiacion de la proyección rompe el contacto. La proyección lo establece. Entendemos estos procesos como tentativas de contacto, no como interrupciones del contacto. Proyectando estamos intentando contactar con el otro. Si lo reapropias dejas de verle, y cambias el contacto. Estos procesos deben apoyarse para acceder a la experiencia que esta allí. Lo importante es la experiencia que se manifiesta así. La experiencia puede llevar al paciente a apropiarse de algunas partes de las que no se mostraba consciente. En un ejemplo, para ver esto más claro, podría ser así…

Paciente: no te interesas por mi.

Terapeuta: que cosas hago yo que te hace sentir esto.

En este caso no nos es tan importante señalar el proceso como apoyar la intencionalidad del contacto. Y esto porque trabajamos afectandonos el uno al otro constantemente. Decidir que es una proyección no es una decisión fenomenologica. Decide el terapeuta.

Sostener tiene que ver con preguntarse que hago yo para sostener esta percepción del paciente. La vergüenza es sentirse inadecuado, insuficiente, no ajustado a la situación, malo, así como soy no soy digno de ser de la comunidad humana, no puedo ser amado. Entonces, la vergüenza fundamentalmente tiene que ver con quien soy, o mejor con quien creo que yo soy. Lo que permite disociar la vergüenza de la culpabilidad es algo respecto a algo que he hecho, a una acción.

La sociedad ofrece más posibilidades de solucionar la culpa que la vergüenza. Tenemos instrumentos como la prisión, la multa, la penitencia que nos brindan Posibilidades de reparar. De pagar. Pero para la vergüenza nada es posible, porque es algo respecto a lo que yo soy: Quien soy, como puedo repararlo? El otro me demuestra que lo que soy no es aceptable. No lo hago solo, puesto que tiene que ver con la situación. Cuando se vive una experiencia de vergüenza uno quiere desaparecer. Escapar de la mirada de los demás. Esto quiere decir que el otro esta presente.

Desde la clave de lectura de La autorregulación, como puedo entender que cuando quiero desaparecer a los ojos de los demás, me pongo rojo? Si quiero desaparecer hay maneras más eficaces de desaparecer. Cuando hay energía y esta no fluye es cuando me pongo rojo, con la rabia, la excitación, el deseo… La vergüenza esta conectada con el deseo y la excitación. No hay vergüenza sin deseo. Deseo en el sentido amplio.

Sylvan S. Tomkins, científico americano, analiza las emociones desde diferentes ópticas. En un eje de menos a más, que va desde el interés a la excitación, la vergüenza aparece en su sistematización como un regulador que se puede mover en este eje. Hasta un punto puedo sostener la excitación, pero llegado a un punto la vergüenza me permite cortar, es como un regulador. Tomkins ha reconocido este mecanismo en bebés de 15 días. Es el esquema motor. El bebe oye a la madre, se agita, se excita y no puede sostener la excitación. Se quiere esconder. Es un modo de regular la excitación, de manera congénita. No es vergüenza pero lo llegara a ser. Como terapeutas debemos preguntarnos si tenemos vergüenza de nuestra vergüenza, ya que va a aparecer en terapia: un reproche de un paciente puede darme vergüenza. Podemos caer en librarnos de la vergüenza “pasándosela” al otro, sin llegar a conocerla como algo que se da en el campo, y que tiene que ver con nuestra función yo.

El antídoto es restaurar la solidaridad.

La vergüenza se produce cuando no hay solidaridad. En este sentido, no es el médico el que cura al paciente, el terapeuta es la OCASIÓN para que el paciente mejore. Este proceso solidario tiene que ver con la autorregulación, una de las claves de bóvedas de nuestro sistema teórico de referencia. Perls ha reflexionado mucho sobre la autorregulación organismica, mientras que Jean Marie Robine prefiere hablar de regulación de la situación o de la relación. Es el self el yo mismo, o es otra cosa?

En psicoterapia gestalt, el self es el organizador del contacto con el mundo.

La pregunta para el terapeuta sería algo a sí como “¿La regulación en mi contacto con el mundo o mi propia autorregulación, apoya una regulación egotista o solidaridaria, que trabaja con los vínculos? Hay dos formas fundamentales de la vergüenza, entender la vergüenza como emoción, que se siente corporalmente, con la que quiero desaparecer.

Hay otra forma de vergüenza que se puede no sentir, que (de manera provisional) vamos a llamar existencial. Y que no viene a la consciencia porque todos tenemos muchas defensas para no sentirla. Los psicólogos y filósofos evidencian la angustia existencial ligada al facto de nuestra condición humana: que todos vamos a morir. Esta experiencia de vergüenza, no la sentimos siempre, pero podemos sentirla cuando nuestros mecanismos no son lo bastante fuertes.

La angustia existencial puede ser que me sienta pequeña o que este escondida y no me de cuenta. Es importante que los y las clínicos/as nos demos cuenta de que puede aparecer con formas como la rabia, la depresión, con síntomas psicosomáticos, envidia…

Puede tomar diferentes formas.

La vergüenza existencial es tan dolorosa que vamos a inventar algo para no sentirla. Es importante tener en la cabeza la experiencia de la vergüenza. Hay formas de la vergüenza más atenuadas, estar en una situación embarazosa, la timidez,…

El que violenta es el que transfiere su propia vergüenza a la víctima.

También el/la terapeuta, el supervisor/apuede ser un vergonzador, podemos confrontar al otro con su propia ignorancia, aunque no se el propósito. Un aspecto positivo de la vergüenza es cuando advierto que en este punto puedo ser mejor. Nadie me va a poner en la vergüenza por algo en que se que no va a poder mejorar. Otro aspecto que esta plegado dentro de la vergüenza es el del deseo.

Es importante descubrir el deseo del cliente y que lo validamos. Que lo acogemos. Es importante ayudarle a diferenciar esto, y diferenciar el deseo de su realización. No soy responsable de mis deseos, soy responsable de mi comportamiento. Validar no quiere decir aprobar.

No quiero decirle a un paciente que no es una mierda, o que si lo es… sino que entiendo lo que vive, y que lo que vive le lleva a tener una percepción de sí mismo. Divorciarse, por ejemplo, puede ser una forma del deseo, no el deseo en sí (que puede tener que ver con tener una verdadera intimidad en la pareja) La única forma que puede imaginar a esto es a través del divorcio. Lo que ha de legitimarse es su deseo de intimidad, no tanto en el divorcio en sí. El divorcio estaría en relación con la función personalidad, mientras que el deseo de intimidad estaría relacionada con la función ello. En esa concreción esta la vergüenza, no tanto en el deseo. El deseo es la intencionalidad. Por eso es tan importante explorar la función ello. Es como volver a la fuente de la experiencia, a la fuente de la emoción, a la figura del cuidador. Es la emoción la creación, pensamiento…

Encontramos buenos ejemplos en la sexualidad, porque en en ella cuando más frágil estoy a la vista, y en lo más íntimo de mi mayor intimidad. Otro ejemplo sería el orgullo; me da vergüenza mi propio orgullo y mediante la vergüenza me presento como humilde. Es como la formación reactiva del psicoanálisis.

La solidaridad, como decía anteriormente, es el antídoto de la rotura del vínculo que genera la vergüenza, porque como estoy no soy digno de pertenecer. La solidaridad es restaurar este vínculo, es volver a sentirse parte de la comunidad.

Los tres antídotos fundamentales para la vergüenza serían pues, la solidaridad, el apoyo y la restauración del vínculo. Una pauta importante en estos procesos es buscar el deseo que habita en la vergüenza.

Este deseo no fue apoyado por el entorno. La vergüenza nos habla de la historia de contacto con el entorno de la persona.

Iñaki García Maza.

Ex Movere: hacia una mirada situacional de las emociones.

El término emoción viene del latín emotĭo, que significa “movimiento o impulso”, “aquello que te mueve hacia”. Como vemos, etimológicamente está implicita en su definición el movimiento hacia, el mecanismo del contacto.

Cuando hablamos de la emoción, de hecho, es un error teórico pensar que nacen dentro de nosotros/as, porque lo que nace es algo preemocional. Lo que nos nace son las sensaciones: sentimos sensaciones corporales, tensiones…

En un principio está la sensación, y poco a poco va a ser emoción.

Lo que tenemos dentro son sensaciones, pero a estas sensaciones hay que darles un sentido.

Sería más correcto decir que tengo una sensación, y que cuando la exteriorizo sabiendo lo que es mi función personalidad y mi contexto cultural, la forma en que puede tomar el contacto sería, por ejemplo, rabia.

La idea de rabia sería algo que adjunto a mi sensación. Cuando pongo la sensación en el contacto es una creación al mismo tiempo mía y del otro, y del contexto y la cultura en la que estamos.

Lo interesante es saber como se pasa de una sensación a una u otra emoción.

Lo que permite pasar de una a otro sería la Madre (psicológica). En el desarrollo del bebe, la madre es ante todo una función transformadora que me permite transformar mi malestar en bienestar.

La función que me va a acoger y me va a dar de mamar, va a transformar mi malestar en bienestar. Es una función transformadora. Necesita a alguien que al principio haga para mi este trabajo, pero que poco a poco me va ayudar a hacerlo solo. Detecta o infiere lo que le pasa al bebe. Es en el contacto donde va a producirse.

El sentido va a ser dado por el Otro.

Si mi sensación no puede ser aceptada, no puede ser aceptada por la Madre ( la madre suficientemente buena de Winnicott que no puede acoger todo).

Hay cosas que mi madre no puede acoger, hay cosas con las que voy a sentir vergüenza.

En este punto la pregunta sería: ¿Como pasar de la función ello al deseo, a algo psicológico?

¿Como una experiencia fisiológica se vuelve psicológica? ¿Cómo se produce este proceso, el cual además, por medio de la asimilación, vuelve a ser fisiológica?

Esta va a tomar forma en el contacto. No soy todopoderoso para dar la forma, puesto que la forma de la relación que vamos a tener contribuye a la forma de mi experiencia.

Un ejemplo es el de que los niños no lloran. Me enseña que mi madre acepta una serie de emociones y otras no.

Entonces cuando el niño tiene sensaciones que pudieran expresarse con lágrimas expresara otra cosa, por ejemplo, a través de la rabia, de modo que así pueda ser aceptada. Con las niñas la agresividad es reprimida, pero no la pena o el llanto, y estas sensaciones se convierten en rabia. De mayor será más fácil deprimirse que enfadarse con alguien.

La emoción pues se genera en el contacto.

En el acting out de un primer momento donde se sitúa la función ello de una forma muy fuerte, pero se elimina la función yo, para ir al contacto final sin elaboración, sin elección, rechazos…

Fijar cosas en el cuerpo es una manera de tapar ansiedades más profundas.

Imaginemos una situación clínica en que el o la paciente dice: “no avanzo en mi terapia”

Desde la perspectiva individualista la mirada estaría en como haces tu para que no avance, produciendo vergüenza en la persona. Desde el campo la cuestión estaría en como hago yo como terapeuta para que la cosa no avance. La clave es apoyar al Otro en su intencionalidad de contacto, y colocarle en la relación.

Cuando hay una modalidad egotista de contacto vamos a cogernos la responsabilidad de todo. Se tiene miedo a los efectos de mi agresividad y como se puede venir a mi de nuevo. Que pueda provocarla en el otro.

A veces el terapeuta toma la iniciativa de manejarse como un padre. Es como crear una escisión. El terapeuta vuelve a ser un padre bueno, cuando los verdaderos padres quedan como malos padres. Existe este riesgo. Esto no es muy terapéutico. Hay muchos aspectos contratransferenciales. En el psicoanálisis es importante trabajar sobre la transferencia, pero en gestalt se intentaría  “destransferenciar” para favorecer el contacto auténtico.

Todas las emociones se revelan gracias a una sensación corporal. Por eso es tan importante volver al cuerpo.

Se puede usar cualquier camino para trabajar desde la intencionalidad del contacto: un cuento, un episodio de mi vida… La clave es preguntarse que esta buscando el cliente en este momento, esa es la función ello, que cosa empuja a la siguiente.

Traigo aquí un ejemplo de Perls en Esalem, cuando afirmo: “Soy el mejor terapeuta del mundo para los neuróticos”: que quiere obtener, que deseas que yo sienta? Es la pregunta para la función ello, se requiere mucha seguridad para integrar la función ello. Desde la función personalidad sería algo así como “Vaya ego que tiene el Perls”.

La terapia ayuda a dar un sentido a nuestra experiencia, pero sobre todo es ayudar a vivir una experiencia diferente.

Piaget decía que al hacer vivir una experiencia a un niño, no darle un sentido rápidamente a lo que acaba de vivir, porque le quitas la posibilidad de que el encuentre otros sentidos posibles. Lo importante es que este sentido sea abierto.

Tras haber vivido una experiencia, haber abierto algo, a lo que la persona pueda referirse en un futuro.

Para Jean Marie Robine no es tóxica una gestalt no cerrada: que la experiencia este inacabada no es tóxica de por sí.

Lo tóxico es transformar la situación inacabada en una fijación. Es por eso que Laura Perls quería llamar a la Terapia Gestalt  gestaltung, esto es, de las formas en  movimiento, porque una gestalt es algo fijado y delimitado.

Sirvan estas líneas para destacar este trabajar con los gerundios, con todo aquello que se co-construye, este incorporar (nos) al mundo emocional del paciente, de entender lo sentido como una modalidad de movimiento hacia.

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CAMBIAR EL PASADO.

Mirando el pasado...

Mirando el pasado…

 

La mayor parte de las personas que deciden comenzar una psicoterapia lo hacen por motivos relacionados con el cambio. Aunque no pocos de los malestares que nos aquejan tienen que ver con la aceptación ( y por tanto, toma de conciencia) de lo que se esta experimentando en la vida, este proceso ya conlleva un cambio en cuanto que, paradójicamente, varía la situación desde la que partía en un inicio.

Desde la Psicoterapia Gestalt hablamos de la teoría paradójica del cambio, por la cual, la propia aceptación de nueva realidad ya provoca en sí misma un cambio, porque introduce variaciones sobre nuestra forma de relacionarnos con el entorno.

Al hablar del cambio, una idea que subyace al mismo es la de su proyección en el futuro, nos viene a la conciencia casi inherentemente.

Pero, y si tan importante como cambiar el futuro, fuera cambiar nuestro pasado? Si, porque nuestro pasado esta en nuestra memoria. Y tanto es así, que en la manera en como contamos nuestro pasado, esta implicado como sentimos nuestro aquí y ahora, e incluso nuestra proyección del futuro.

De hecho, la manera en como nos contamos, implica nuestro sentido de la identidad, nuestra función personalidad. Por eso es clave la forma en como hacemos literatura de nosotros mismos…

En esta dirección apuntan las terapias narrativas, donde la clave es poder leer (nos) de otro modo, que de una forma no menos cierta, nos permita aumentar nuestro nivel de conciencia y de integración personal.

La terapia narrativa fue reconocida fuera de Australia, lugar donde fue creada, por el archiconocido libro de White y Epston (1993) Medios Narrativos para fines terapéuticos. Estos autores usaban certificados, cartas y todo tipo de documentos para lograr externalizar el problema y que la persona tuviera más espacio para crear una identidad distinta a la que el problema proponía.

Desde esta mirada las personas son entendidas como expertas de sus propias vidas (Morgan, 2004). Esto conlleva un cambio de conceptualización con respecto a quién busca ayuda. No se le llama paciente, ni se le llama cliente sino que se le denomina “coautor” del proceso de terapia (White, 2004).

Con este término Michael White quiere cuestionar la posición del terapeuta como experto y, por tanto, cuestiona su superioridad explícita e implícita sobre la persona que busca su ayuda. Coautor es quien ayuda al terapeuta a comprender la situación desmontando los prejuicios inherentes a la profesión, a la raza, a la clase social, al género, etc., facilitando la auto descripción del problema.

Hace ya algún tiempo tuve la ocasión de leer en un blog sobre ciencia que un grupo de físicos acababa de lograr lo que parecía imposible: modificar desde el presente un evento que ya había sucedido con anterioridad. La hazaña se consiguio aprovechando una extraña capacidad de las partículas subatómicas que ya había sido predicha, pero que jamás hasta ahora había podido ser demostrada. El espectacular hallazgo se publica en Nature Physics.

En este trabajo se planteaba que a la larga lista de propiedades extraordinarias de las partículas subatómicas habria que añadir, a partir de ahora, su capacidad para influir en el pasado. O, dicho de otra forma, para modificar acontecimientos ya sucedidos. El concepto clave que permite este nuevo y sorprendente comportamiento es un viejo conocido de los físicos: el entrelazamiento cuántico, un fenómeno aún no del todo comprendido y que consiste en una suerte de “unión íntima” entre dos partículas subatómicas sin importar a qué distancia se encuentren la una de la otra. Cuando dos partículas están “entrelazadas”, cualquier modificación que llevemos a cabo sobre una se reflejará de inmediato en la otra, aunque ésta se encuentre en el otro extremo de la galaxia.

En esencia, los investigadores lograron demostrar que acciones llevadas a cabo en el futuro pueden ejercer influencia en eventos del pasado. Siempre y cuando, claro, limitemos la experiencia al ámbito de la Física Cuántica.

La lectura de este trabajo me estimuló como metáfora de la memoria, en la cual también entrelazamos momentos que suspendidos en el pasado nos dan nuevos significantes en el presente.

Si como terapeutas podemos ser coautores de la literatura personal de nuestros clientes quizá podamos entrelazar otros tejidos de la propia realidad; cabria pensar que quien no se permita cambiar su pasado este condenado a repetirlo…

 

ERAINbeta se transforma…

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A partir de la creación de nuestra nueva web, que podéis seguir en http://www.erain.eu, este blog se transforma en Gestalterapia (www.gestalterapia.org) … un espacio donde poder seguir algunas reflexiones, noticias, artículos, sobre psicología, Gestalt, intervención social…

Recientemente escuché a Jean Marie Robine decir que él escribía para entender. Me gustó mucho la honestidad de este planteamiento y me hizo plantearme la idea de la escritura como modo de aprendizaje. Como una forma de búsqueda, de exploración.

Desde ahí comparto estas líneas.

Ongi etorri berritu dugun toki honetara.

Iñaki.

 

 

LO COLABORATIVO EN LA INTERVENCIÓN SOCIAL.

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Recientemente, y al hilo de la reflexión compartida con José Ramón Ubieto, en un encuentro que tuvo lugar en Bilbao, de la mano de la Universidad de Deusto y de los amigos y amigas de Interabide, hemos estado pensado acerca del trabajo en red y lo colaborativo, en lo que respecta a nuestro modo de entender el trabajo psicosocial.
Esta reflexión creemos que ha enriquecido nuestro modo de entendernos y de re encuadrar lo que hacemos, ayudando a ampliar nuestro nivel de consciencia sobre el papel que ha jugado y juega lo colaborativo y el trabajo en red dentro de nuestro ADN como asociacion.

A partir de algunas “ideas semilla” han ido germinando otras que queremos compartir en este post.

Tenemos un problema con el vínculo. La confianza como piedra angular de las relaciones ha entrado en crisis, el vínculo en si mismo ha entrado en crisis. El patrón cultural de satisfacción individual por el consumo ha ido calando en la manera de entender nuestra individualidad hasta el punto que ha debilitado la adscripción básica a la comunidad, generando de este modo una individualidad “débil” paradójicamente, que ha dejado al individuo en soledad, rodeado de vinculaciones a objetos (como puede observarse en los modos de relación compulsiva con las nuevas tecnologías), mediante las cuales nos satisfacemos sin relación.

Este aspecto podemos apreciarlo en el día a día del trabajo con personas en situación de exclusión, como exponentes de esta pérdida de lazos socio comunitarios.
Es desde este plano de análisis desde donde nos parecía clave desarrollar espacios de trabajo colaborativo basados en la conversación como hermenéutica, esto es, que desarrollamos un método de trabajo que en sí mismo genere una recuperación de la vinculación y que en sí mismo facilite aquello que queremos lograr, aumentado la coherencia de la propia intervención.

Así pues, es desde el principio rector de la conversación (Ubieto) y de la colaboración como herramienta desde donde tiene sentido la intervención en red, no tanto como una mera coordinación entre entidades sino desde la necesaria completariedad de las diferentes formas de hacer.

Desde nuestros inicios apostamos por desarrollar proyectos compartidos donde pudiéramos integrar el trabajo psicoterapéutico con lo socioeducativo, a modo de espacios híbridos en red mediante los cuales diseñar y contrastar hipótesis de trabajo compartidas.

En la actualidad desarrollamos este tipo de espacios con diferentes entidades, como son Peñascal S.Coop, Centro Formativo Otxarkoaga, Consorcio Hemen y la asociación Susterra, y en otros espacios aún en construcción…

En este tiempo de desarrollo de proyectos hemos hecho algunos descubrimientos, que compartimos un poco a vuelapluma, más como reflexiones sin acabar de cerrar, que como grandes certezas…

1. Lo colaborativo esta basado en la necesidad de encontrarse. La necesidad es una fuerza que sustenta y autentifica la colaboración.
2. Entendemos lo colaborativo como algo mas que el “hacer juntos” sino como una dinamica de trabajo mediante la cual generamos algo nuevo que transforma a las entidades que colaboramos. Hemos apostado no tanto por ser una entidad a la que derivar, sino, en la medida de lo posible, generar nuevos espacios de trabajo.
3. Esta dinamica se asienta sobre la conversación, sobre el acuerdo sincronico que permite entenderse, encontrar el lugar más cómodo para situarse…
4. Esta tiene que ver con la confianza, y la confianza se genera a través del proceso dialogico de la conversación, en términos gestalticos: en la frontera contacto que nos define y nos une.
5. En ese sentido, desde una base de confianza podemos alcanzar el suficiente apoyo para lograr una apertura con el otro que nos permita la necesaria densidad para diseñar hipótesis y para modificarlas, en tensión con la realidad.
6. En este sentido, es clave mantener espacios de dialogo donde puedan resolverse las tensiones derivadas del conflictos de poder o autoridad ineludibles a todo proceso colaborativo, estableciendo claras reglas de juego o asumiendo que estos puedan darse de forma natural en el proceso.
7. La necesaria cultura en red es necesaria que se trabaje desde la base, es decir que esta puede ser reclamada a nuestras instituciones a partir de los resultados positivos que esta genere de cara a los procesos de las personas usuarias de nuestros dispositivos. En palabras de Ubieto, para ser autorizado, hay que AUTORIZARSE.
8. Más allá de otros modelos de gestión que han situado el centro en modelo importados de los procesos productivos industriales es importante volver a centrarse en la persona, y en como nuestras entidades pueden virar constantemente hacia ella, a pesar, o gracias a, los cambios en el medio.
9. Desde el tercer sector, tenemos la suficiente experiencia de trabajo en red como para empezar a sistematizarla y desarrollar proyectos escalables que vayan abriendo vías a nueva cultura de la intervención social más comunitaria e integral.

Iñaki García Maza.